Aviso a la comunidad

Ya volví, déjenme que me desentumezca.

jueves 26 de noviembre de 2009

5- Consumación de la batalla

De todos modos, aunque el Partido como organización prácticamente no existía en el resto de la nación, si lograban arañar en las otras provincias (en conjunto, un 54.5 del total del padrón) un treinta por ciento, eso significaría asegurarse la mayoría absoluta.
El dilema para el Partido, en esa circunstancia, era: ganamos la elección a nivel nacional con un cincuenta por ciento de los votos, suponiendo que lo logremos; eso significaría, en el Congreso, un veinticinco por ciento de diputados, y, seguros, dos o tres senadores. Si juntaban en todas las otras provincias (donde el poder del partido oficialista era ancestral) dos o tres más, sería un triunfo. Así y todo, el poder el Partido en el Congreso iba a ser mínimo, con un partido ya no oficialista que haría una oposición feroz y despiadada, con el apoyo del establishment nacional y de los intereses financieros internacionales, y los grandes medios de comunicación secreta o desembozadamente en contra. Gobernar democráticamente iba a ser imposible.
La otra punta del dilema era: presentarse sólo a legislativas, procurando establecerse a nivel nacional, y continuar la ambiciosa obra en la Provincia. Entrar de a poco en el Poder Legislativo, con las elecciones de renovación parcial de las cámaras en el 2017, y recién en el 2019 tentar suerte en la elección nacional. Los más prudentes en el Partido eran de esta postura.
Pero Mosse no era en absoluto de los más prudentes del Partido, y era, con mucho, la carta de triunfo de los ecologistas y la opinión decisiva. Así que, aún con ciertas reticencias de Mallardi (la prensa los comparaba, un poco insidiosamente, con Gandhi y Nehrú), volcó de lleno a su Partido a la elección presidencial. Para eso, se dedicó tres de cada siete días a recorrer las otras veintidós provincias, en un raíd de veintidós semanas que la prensa más adversa comparó con las campañas de Hitler a principios de la década del mil novecientos treinta en Alemania.
Su propuesta central era convertir a la Argentina en un país eminentemente turístico y ecológico, con forestación y fundación y mejora de reservas ecológicas en todas las provincias; redistribución de la población con colocación laboral en las ciudades intermedias; imposición de marcas de alimentos regionales para exportación y consumo interno; reforma tributaria general en la línea de las que había realizado en la provincia; banca pública nacional dedicada al crédito de pequeños y medianos emprendimientos, en especial cooperativas; faraónicas inversiones públicas en la Patagonia en la producción de energía eólica “desde el río Negro hasta Ushuaia”, que le procurasen al país energía limpia y barata; para favorecer la redistribución poblacional en un territorio tan inmenso como el argentino, un plan de obras públicas destinado a la construcción de vías de comunicación (llámese autopistas y trenes) rápidos, baratos, efectivos y ecológicos; concomitantemente, diseño y producción en masa de automóviles, locomotoras y aviones que tuvieran por combustible el hidrógeno, en cantidades mínimas, e inversión investigativa y tecnológica en ese sentido en las universidades del país.
Mosse presentaba como pruebas al canto ocho años de trabajo en Tandil y cuatro en la provincia de Buenos Aires, que habían convertido a esos territorios en ejemplo de capacidad productiva, ecológica y laboral. “Tandil está adelantada ocho años al país; la provincia de Buenos Aires, cuatro; dentro de ocho años yo les prometo que Argentina estará ocho años adelantada al resto del mundo”, repitió en sus discursos campaña.
Mosse tenía cuarenta y seis años, exudaba una energía y un carisma asombrosos, aparecía como renovador de la política y prometía el milagro argentino, en pocos años; además, efectivamente, ya lo había hecho en Tandil y en Buenos Aires, que presentaban un aspecto absolutamente disímil con el caótico, corrupto y desigual estado de cosas del resto del país. Prometía acabar con el hambre, la marginación, la desocupación y la polución ambiental, arrasar con la vieja política, con los viejos partidos que habían llevado a la Argentina al grado de postración en que estaba: los argentinos lo votaron con las dos manos. Sacó más del cincuenta y cinco por ciento de los votos en las veintidós provincias restantes; en la provincia de Buenos Aires y en la Capital Federal los números fueron incluso un poco mejores de lo esperado: en total, sumó el sesenta y cuatro por ciento de los votos en todo el país, contra apenas un veintiséis por ciento de Carlos Roiteman, el candidato del partido oficial, que salió segundo. Ni Perón había logrado tanto. Ganó incluso en casi todos los distritos: de los veinticuatro senadores a elegir, sacó dieciocho. El treinta y dos por ciento de la Cámara de Diputados quedó en su poder.
Igualmente, era un gobierno débil: tenía un tercio de la Cámara joven, y una cuarta parte de la de Senadores. La oposición oficial conservaba un treinta y siete por ciento de los diputados y cuarenta y un senadores, y su actitud sería fundamental para la viabilidad o no del nuevo gobierno. Los otros partidos, fuerzas de izquierda, provinciales y el otro partido tradicional, sumaban un treinta y un por ciento de los diputados, y trece senadores.

miércoles 25 de noviembre de 2009

5. Blitzkrieg

Una vez logrados, con voluntad, rapidez y ejecutividad inusitadas, estos objetivos previos, se dedicó a promover a nivel provincial las mismas políticas ecologistas de protección de especies animales y vegetales, prohibición y cierre de establecimientos fabriles contaminantes, y generación de recursos y de trabajo a través de un inmenso plan de obras públicas de forestación y creación de reservas en los latifundios no utilizados para cultivo o ganadería en un determinado período. Asimismo, convirtió al Banco de la Provincia en un dador de préstamos para pequeños inversores de menos de cien mil dólares, solamente otorgados a emprendimientos económicos no contaminantes.
Y dio un paso más: promovió, mediante políticas públicas activas, el despoblamiento progresivo del Gran Buenos Aires, y la redistribución de la gente en ciudades del interior de la provincia particularmente promisorias en cuanto a su futuro como polos de desarrollo productivo.
Su idea era convertir a las ciudades intermedias en pequeñas capitales de circuitos productivos especializados, lo suficientemente dinámicas como para lograr un desarrollo económico independiente y sostenido a largo plazo, dentro de las exigencias ecológicas sine qua non del Partido, ya rebautizado como Ecologista.
Su método para el traslado de población fue favorecer la radicación de industrias limpias y con futuro en las ciudades intermedias, hasta lograr el pleno empleo primero entre los pobladores autóctonos, y luego, con trabajadores trasladados junto a sus familias desde el Gran Buenos Aires que recibían contratos a mínimo de cinco años con capacitación especializada incluida. En este contexto, favorecía a su vez los emprendimientos pequeños y medianos en este sentido, y, en lo posible, a cooperativas.
Así, por ejemplo, promovió mediante acuerdos a nivel de las universidades de la provincia un fuerte desarrollo investigativo y tecnológico de energía eólica. Las costas de la provincia de Buenos Aires se llenaron, desde Magdalena hasta el límite sur en el río Negro, de grandes molinos generadores de electricidad limpia y abundante. Esos molinos eran administrados por cooperativas municipales, que daban trabajo e ingresos a individuos y municipios, y que hicieron superflua la utilización de energía eléctrica traída de otras provincias desde establecimientos como El Chocón y Yaciretá. Su mayor aporte en este sentido fue, sin embargo, el desarrollo tecnológico y comercial de pequeñas turbinas del tamaño de un secarropas, capaces de proporcionar energía eléctrica a una ciudad de cincuenta mil habitantes a un costo bajísimo.
Para completar su obra de cuatro años, comenzó un gigantesco proyecto de obras públicas tendiente a acabar con las inundaciones en la pampa deprimida y utilizar esas tierras para ensanchar la superficie de forestación, reservas, cultivo y ganadería.
A nivel económico, productivo y energético, en sólo cuatro años, la provincia estuvo prácticamente al borde de la independencia de recursos, convertida en una inmensa factoría de pequeñas cooperativas y empresas privadas y públicas ecológicas, con una fuerte exportación de nutritivos alimentos ecológicos (es decir, caros) al Mercosur, toda América Latina, y con grandes perspectivas de inserción a mediano plazo en mercados más importantes, mediante una hábil política de marcas: “Producto de Buenos Aires” pasó rápidamente a ser sinónimo de los mejores y más ricos cereales, hortalizas, verduras, frutas, carnes, del mundo, y pagados como tales. Para ello, la gobernación permitía a empresas privadas y cooperativas el uso de la marca “Provincia de Buenos Aires” en el exterior a condición de un fuerte control de calidad de sus productos.
En el 2025, la obra estaba lejos de completarse, pero la popularidad de Mosse a nivel nacional era tan grande que, siendo apenas un partido provincial y sin tiempo siquiera para fundar antes del 2013 filiales en otras provincias, él era el gran presidenciable para las elecciones de ese año, pese a la gran oposición que generaba en los sectores financieros nacionales e internacionales y en los grandes empresarios argentinos, perjudicados por unas políticas públicas que ellos catalogaban de “exaccionistas, autoritarias y anticuadas”.
Con todo el establishment en contra, Mosse, Mallardi y demás líderes del Partido Ecologista (habían surgido decenas en los partidos vecinales de toda la provincia, casi todos jóvenes y entusiastas y nuevos en la política), sopesaron la posibilidad de no presentarse, debido a la falta de aparato a nivel nacional y a la soterrada campaña de los grandes holdings de medios en su contra, que se anunciaba de lo más sucia.
El mapa político era desparejo. En el interior de la provincia, la popularidad y la intención de voto era de casi el noventa por ciento. En el Gran Buenos Aires, donde el oficialismo nacional tenía una gran fuerza electoral basada en una tradición de clientelismo político y asistencialismo que Mosse y Mallardi querían desterrar, era mucho más peleado, pero igual alcanzaba el sesenta por ciento, casi el doble que sus rivales. En la Capital Federal, tradicionalmente el distrito más politizado del país, la intención de voto para Mosse rondaba el setenta por ciento. Eso solo bastaba para asegurarle al Partido, en la elección nacional, un tercio de los votos, sin contar lo que se pudiese recoger en el resto del país, donde el peso del partido oficialista era tradicional y mucho más fuerte.

lunes 23 de noviembre de 2009

4. Mosse, el Libertador

El 10 de diciembre de 2025, asume la Presidencia de la Nación Pablo Mosse, joven líder carismático del Partido Ecologista. Es un movimiento nuevo, con un meteórico desarrollo en apenas una década.
Todo comienza cuando, de cara a las elecciones legislativas de 2015, el entonces profesor de Lengua y Literatura Mosse, de treinta y seis años, decide impulsar la candidatura independiente a concejal del joven y talentoso trabajador social Manuel Mallardi, apenas con la edad justa para tal cargo.
Mosse descubre en sí una vocación superior a la literatura y la docencia, que hasta ese momento habían sido su vida, y unas capacidades oratorias y de aglutinación de voluntades extraordinarias: en setiembre de ese año, el joven Mallardi fue elegido concejal por el apenas fundado Partido Mallardista.
Los lineamientos de su propuesta eran mínimos y claros: un plan de gestión municipal que no se limitaba a las tareas básicas y tradicionales de un municipio, sino todo un proyecto de cuidado de las sierras y forestación de sus laderas, con un doble objetivo: por un lado, conservar y ampliar, ambiciosamente, las potencialidades de Tandil como plaza turística, y por el otro, generar trabajo a financiamiento de costo mínimo para revitalizar la capacidad de consumo de la comunidad. Les dijeron de todo: imbéciles, drogadictos, delirantes, enfermos mentales. Pero, armando cooperativas por fuera de la estructura estatal del Municipio, llevaron a cabo un plan de desarrollo económico que dejó en ridículo a la dirigencia política: se logró un acuerdo global con viveros y empresas de todo el país y el exterior para munir, periódicamente, de especies coníferas a las cooperativas, con una tasa de endeudamiento baja y a muy largo plazo, que permitiese recobrar la inversión, dedicar la mayor parte del presupuesto a pagar sueldos y a invertir en tecnología y capacitación de personal, y potenciar paisajísticamente la belleza de las sierras.
En dos años de tarea en el Concejo Deliberante, la gestión de Mallardi y del Partido resultó tan bien ponderada que, en el 2007, el Partido metió seis concejales sobre diez, y Mosse, de la mano de su carisma, fue elegido intendente. De allí en más, la popularidad del Partido creció de manera supersónica.
Mosse convirtió a la Municipalidad en una empresa de forestación que se dedicó no sólo a trabajar dentro de los límites de su distrito sino también para otros partidos, departamentos y provincias, una empresa que logró, en cuatro años, cancelar sus créditos y diversificarse a su vez como productora de especies vegetales, y con cooperativas diseñadoras de paisajes a mediano plazo, con especialistas salidos en la Universidad del pueblo.
La gestión municipal de Mosse no se limitó a la protección de las sierras y la flora. La Reserva de Sierra del Tigre fue convertida en una de las más bellas y pobladas del país. Con los ingresos enormes generados por las empresas municipales, se dedicó a la fecundación mediante métodos ecológicos de todos los campos del Municipio, privados y públicos, y la fundada por él Cooperativa Municipal Bancaria financió a los productores agrícolas, ganaderos y criadores de animales en general, a tasas exiguas y pagaderas a plazos de muchos años.
El resultado de todos esos emprendimientos fue que Tandil quedó rápidamente proyectada como polo de desarrollo turístico y económico a nivel nacional, como modelo de gestión estatal moderna y eficiente, y que Mosse fue catapultado en una elección plebiscitaria a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, con más del sesenta por ciento de los votos, en el 2011. Mallardi, a su vez, fue elegido intendente de Tandil, y prosiguió, con un sesgo cooperativista y de integración social más pronunciado, la excelente tarea de Mosse en la Comuna.
Mosse, alentado por su triunfo aplastante (sólo en el interior de la provincia, sacó casi tres millones de votos sobre menos de tres millones y medio, y otros tres millones entre los votantes del Gran Buenos Aires), adoptó un programa de gobierno ambicioso: manejaba el mayor y más fértil distrito provincial de Sudamérica, y se condujo como el líder de un estado cuasi independiente, amparándose en el federalismo propugnado por la Constitución.
En primer término, peleó y ganó ante el gobierno nacional una nueva ley de coparticipación federal, en la que los impuestos eran fuertemente descentralizados y la mayor parte de ellos quedaba en cada provincia, sin pasar por el Esatdo nacional. Logrado ese objetivo, realizó una reforma impositiva provincial destinada a cobrar menos impuestos a los contribuyentes de menores recursos y a poner una fuerte carga impositiva sobre el dinero no utilizado en el circuito productivo, inmovilizado en la especulación financiera o depositado en el exterior; en cambio, al dinero invertido en la provincia lo favoreció con exenciones y rebajas impositivas. Además, controló y limitó fuertemente las tarifas de empresas de servicios públicos, y exigió de éstas el estricto cumplimiento de los contratos firmados en cuanto a obligaciones de inversión y mejora; cuando empezó a reestatizar empresas empeñadas en no cumplir con los contratos existentes, o a anular contratos leoninos, se ganó la inquina definitiva del establishment financiero nacional e internacional, y muchas industrias decidieron, como represalia, retirarse de la provincia a otras, o incluso a otros países del Mercosur.

jueves 19 de noviembre de 2009

3. El sujeto revolucionario

Juan Carlos Lemma era empleado de oficina. Tenía treinta y ocho años. Tenía tres hijos (una nena de once, dos nenes, de doce y ocho años) con una mujer de casi su edad, de la cual se había divorciado hacía seis. Los nenes vivían, por supuesto, con la mamá. Él vivía solo en un departamento de un ambiente en Almagro, cerca de la avenida Rivadavia. No tenía pareja. La última mujer de su vida había intimado con él hacía ya un par de años. No se quejaba. No hablaba de esos asuntos, con nadie.
Lemma trabajaba en una oficina de seguros en el microcentro. No vendía: llevaba las cuentas del negocio, asistía al jefe del local. La compañía aseguradora que lo empleaba era una multinacional con sucursales en varios países, incluso con algunas decenas de locales en Buenos Aires mismo.
No podía quejarse de su condición económica. Ganaba dos mil dólares por mes (el promedio de un oficinista cualunque) que le alcanzaban para tener una vivienda pequeña pero confortable, con todos los adelantos de la técnica en cuanto a electrodomésticos y tecnología. Tenía buenos muebles, una señora que venía a limpiar una vez por semana, unos impuestos y rentas que se llevaban una cuarta parte de su sueldo, un buen seguro de pensión (que invertía en forestación, y le daba dividendos de unos diez mil dólares por año: eso en treinta años significaría unos trescientos mil dólares, como para vivir cómodamente de intereses su vejez, cuando llegara su jubilación, a los cincuenta y cinco o cincuenta y seis).
Sus señas particulares: medía cerca de un metro ochenta y tres, era flaco, desgarbado, con cabello negro lleno de entradas, con un mentón un poco salido hacia adelante que le daba un cierto aire de amargura o melancolía.
Ni en el jardín, ni en la escuela general básica, ni en el polimodal, ni en los deportes, ni entre los amigos, ni entre las mujeres, ni en la universidad, ni en el trabajo; en suma, en ningún aspecto de su vida, Lemma se había destacado jamás. Era la típica persona a la que se saluda sin prestar atención, casi sin mirarlo, de compromiso, y cuyo rostro se olvida a los diez minutos.
Los tres días semanales de franco los dedicaba a pasear con sus hijos por los shoppings, cines, hamburgueserías, circos, heladerías. Cuando no estaba con ellos se encerraba en su departamento a mirar películas viejas, cualquiera, cualquier cosa en realidad: si no encontraba ninguna, se ponía a hacer zapping.
Jamás había tenido inquietudes intelectuales, ni maldad, ni rencor, ni odio, ni deseos irrefrenables, ni ataques de furia, ni picos de presión, ni operaciones de órganos, ni fracturas de huesos, ni enfermedades graves, salvo un asma nerviosa contraída en su faz orgánica por el smog de la Buenos Aires de su niñez. Era lo que se dice una buena persona, pero era también alguien de esos que pasan por la vida y cuando mueren es como si no hubiesen pasado. A veces, cuando se sentía muy solo en su departamento a la vuelta del trabajo, Lemma sentía que su vida se había desperdiciado, que no servía para nada, que era casi un gusano. Pero esto le pasaba esporádicamente: la mayor parte del tiempo trabajaba, descansaba, consumía, miraba televisión, iba a los espectáculos públicos y deportivos. Como cualquiera.

miércoles 18 de noviembre de 2009

2. Reglamentación de la caza del loco con ballesta

Las hordas de personas desnudas viven dispersas en esa enorme extensión (a un promedio de 0,125 persona por kilómetro cuadrado), de modo que los individuos vestidos tienen que caminar a veces varios días desde las postas, para encontrar un grupo.
Cuando eso finalmente ocurre, la excitación de las personas vestidas no tiene límites. Aprestan las ballestas, cargan el carcaj (a veces un caddy sirve para estos menesteres de ayuda, lo cual reduce el número de cazadores estrictamente hablando a cuatro o seis) y comienzan a perseguir a las personas desnudas. Como ni las personas vestidas ni las desnudas tienen medio alguno de locomoción, hay que correrlas (porque las personas desnudas suelen esconderse en los bosquecillos y lomadas, temerosas de las personas vestidas, y cuando las avistan huyen despavoridas como gamos), y es verdaderamente un gran esfuerzo físico a pesar de la posesión de ballestas por las personas vestidas, porque las personas desnudas están acostumbradas a vivir en pleno ejercicio, a caminar varios kilómetros todos los días de sus vidas, y tienen un estado atlético imposible para cualquier persona sedentaria.
Pero, a la larga, las personas vestidas hacen puntería y tiran, de bastante lejos, y cada tanto recogen alguna presa.
Un disparo de ballesta a menos de trescientos metros en el tórax o en la cabeza es siempre mortal. Esto está pensado así para producir el menor sufrimiento posible al herido: las flechas son de una aleación de metal que asegura estabilidad de trayectoria y potencia de impacto. Sólo cabe la posibilidad (remota, porque para eso hace falta muchísima puntería, o una dosis muy alta de azar) de que la persona desnuda sea herida en una extremidad, y en ese caso está ESTRICTAMENTE PROHIBIDO rematarla. Hay que dejarla en el lugar, para que la recojan sus compañeros de horda, o en todo caso que muera sola.
Para los guardabosques es muy fácil constatar una infracción de este tipo: un cadáver llevado a una posta con herida en la pierna Y en el tórax o el cráneo es claramente identificable, y un cadáver rematado que un guardabosques halle en el coto durante sus patrullajes identifica inmediatamente al cazador, pues las flechas, por su diseño, una vez clavadas en un cuerpo (al que atraviesan de lado a lado) son prácticamente imposibles de extirpar, y además, en cualquier caso, cada flecha tiene, amén de un color identificatorio dentro del grupo de cazadores, un número de serie que se corresponde exactamente con el número de documento del dueño de la flecha en cuestión, o sea que no hay modo de escaparse al control estricto de los guardabosques.
Como se dijo anteriormente, los cadáveres de las personas desnudas deben ser entregados a los guardabosques (se anotician mediante celular y pasan a buscarlos en sus jeeps). El destino ulterior de los cuerpos así cazados es servir de abono para los cultivos frutihortícolas, la forestación o la jardinería en el resto del país.
Cada cazador lleva consigo un cuadernito, como en el golf, donde registra las presas propias y las de los otros. El ganador se lleva sólo la gloria entre sus compañeros, y en general tiene que pagar la cena para todo el grupo cuando vuelven a la posta o posada. En general, la caza del loco es un deporte al que se compara mucho con el golf, por la serenidad y puntería necesarias y porque se camina muchísimo, aunque con el agregado de la excitación viril (o amazónica) de la caza, con sus esfuerzos y su aunque más no sea mínimo peligro.
Por último, la caza del loco está estrictamente reglamentada como un deporte amateur, y su televisación, totalmente prohibida. Están también prohibidas las apuestas entre grupos. Lo más que se tolera es que, internamente, dentro de cada grupo de cazadores, de manera privada, se hagan apuestas entre ellos.

lunes 16 de noviembre de 2009

1. El coto

“Hermosa tierra entrerriana
símbolo de rebeldía
vas curando el alma mía
con el sol de tus mañanas”
A. Yupanqui

I
Las personas corren desnudas.
Hay una planicie, unas lomadas, y al borde de cada una, un bosquecillo.
Las personas desnudas parecen esperar refugio en los bosquecillos.
Son todas plantas jóvenes pero ya altas, frondosas en esa época del año o perennes. Trasplantadas.
Las personas desnudas corren. Gritan, presas de un horror cerval.
Detrás de ellos, a pie también, otro grupo de personas, menor en número, vestidos ellos, abrigados incluso, portan ballestas. Corren al primer grupo, y de vez en cuando alguno se detiene, hace puntería y tira.
Tira desde veinte o treinta metros (lo que es letal) o tira a veces a tentar suerte, desde cincuenta, sesenta, ochenta, cien, ciento cincuenta, doscientos, trescientos metros. En cualquier caso, si el tirador tiene la suficiente puntería o la increíble suerte, el flechazo también es letal.
Toda herida en la caja toráxica es letal a menos de trescientos metros. Claro que nadie, casi nadie, salvo una suerte excepcional, puede acertarle a una persona desnuda corriendo desde trescientos metros. Pero algunos tientan a la suerte; es como hacer hoyo en uno: cuando uno acierta, debe pagarle a sus compañeros de caza, nunca más de diez o doce (porque el tope de cada grupo está perfectamente reglamentado), una ronda de licor o una comida en la posada más cercana, generalmente junto a uno de los ríos anchos que circundan el coto.
Pero es toda una campaña salir de caza. Tiene que ser un grupo lo suficientemente grande como para autoabastecerse de alimento durante varios días caminando (en el coto los automóviles están prohibidos salvo para los guardabosques, que inspeccionan que no se vulnere el reglamento; sobre todo, que los cazadores no ataquen animales salvo en caso de necesidad extrema para comer, y que no provoquen incendios en los bosquecillos). A veces, en dos semanas, no se puede cazar ni uno entre todo el grupo. Los avistamientos también son difíciles, y hay que ser cauteloso al acercarse, para que los desnudos no se espanten demasiado pronto.
O sea: es una expedición. Un grupo de entre ocho y doce personas con carpas, ropas de abrigo, elementos para hacer fuego seguro, recipientes para juntar los residuos (en esto, las autoridades son inflexibles), ballestas y flechas. Cada uno lleva un carcaj de un color distinto, y flechas con un festón cerca de la punta y otro cerca de la base de la flecha. Eso sirve para atribuir un tiro acertado al cazador correspondiente. El que más personas desnudas caza, gana el torneo entre los ocho o doce.
El grupo de cazadores debe comunicar las novedades día a día al guardabosques correspondiente (de acuerdo a la posta) por celular. El celular tiene que estar encendido todo el tiempo mientras dure la expedición, para que el guardabosques pueda actuar en consecuencia de cualquier vicisitud. El límite de tiempo para una campaña es de quince días. Una vez cumplido ese plazo desde la salida de la posta, el grupo debe iniciar la vuelta a la posta más próxima y no puede cazar más personas desnudas.
Cada detalle de la expedición es cuidadosamente fiscalizado, a distancia, por los guardabosques, y cámaras satelitales siguen los movimientos de las hordas y de los cazadores.
Todo el coto está profusa y diversamente plantado, con árboles y plantas y flores. Hay manantiales y arroyuelos cada pocos kilómetros, muchos de ellos no naturales, para mejorar el paisaje y para permitir a las personas desnudas y a las personas vestidas beber agua pura.
Todo el coto, en su inmensa extensión (casi ochenta mil kilómetros cuadrados), está habitado por unos cuantos miles de personas desnudas (se estima su número, siempre variable, en unas diez mil) que viven en grupos de unas pocas decenas, casi nunca más de veinte o treinta, recorriendo casi al azar un circuito que les asegure agua y comida (sobre todo vegetal, no tienen cómo construirse armas, ninguna clase de utensilios para fabricarlas), en extensiones bastante grandes pero al tun tun, porque no conocen demasiado el terreno. Sólo saben, las personas desnudas, que hay planicie y llanura y lomadas, y bosques y arroyuelos y alguna laguna, y animales pequeños como liebres o conejos o gallinas o peludos. Sobre todo las gallinas, son fáciles de cazar (los otros son dificilísimos, casi imposibles), pero no tienen con qué encender fuego, de manera que comen en general vegetales, sobre todo frutos de los bosquecillos (hay a raudales), o carne cruda, mayormente pescado.

domingo 15 de noviembre de 2009

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Mientras espero que vuelvan mis ganas de escribir las novelas que están por la mitad, empezaré a colgar desde el lunes "El coto".
No hay tanto sexo como en las tobiáceas.

martes 3 de noviembre de 2009

Pedantes oligarcas go home

Ruiz Guiñazú sale con su monserga "republicanista" (la de los que apoyaban el republicanismo de los milicos, que conculcaba la democracia, es decir, los reclamos sociales), y le dice al piquetero que en la 9 de Julio "están violando la Constitución".
Solana le responde de sobrepique: "hay derechos mucho más básicos que están en la Constitución y que no se cumplen. Cuando se cumplan, no habrá más piquetes".

sábado 19 de septiembre de 2009

Bolaño

Este escritor que no me emociona, porque me recuerda demasiado a los pseudorrebeldes de la literatura contemporánea, provocadores de la nada y del cadáver moral burgués, los que se enfiestan con la gestión del cadáver...
Con Bolaño, como con Arlt, me ocurre que (como dicen muchos pedantes rockeros acerca de Soda Stereo) "no me emociona". En cambio, como con Artlt la persona detrás del personaje me cae bien, pienso que hubiéramos sido buenos amigos, de conocernos: el mismo ánimo por emputecer la opinión general, por romper las pelotas impunemente. Pero sus libros (los tres o cuatro que he leído) me parecen pálidos, y sobre todo: sus discípulos son tan pelotudos...
Hoy Ano Dilatado Nacional lo pone en tapa intentando explicar el fenómeno (como diría Tobi: Bolaño ha nacido convenientemente en toda Latinoamérica, y quizá por eso el mercado editorial, que en su afán de lucro, inventa etiquetas como "literatura latinoamericana" e intenta venderlas a otros lares y a estos mismos), y en la nota de Leonardo Tarifeño aparece este párrafo, citado de su agradecimiento al premio Rómulo Gallegos por "Los detectives salvajes":
"Muchas pueden ser las patrias de un escritor, se me ocurre ahora, pero uno solo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es el de la calidad de la escritura. Que no significa escribir bien, PORQUE ESO LO PUEDE HACER CUALQUIERA, sino escribir maravillosamente bien, y ni siquiera eso, PUES ESCRIBIR MARAVILLOSAMENTE BIEN TAMBIÉN LO PUEDE HACER CUALQUIERA. ¿Entonces, qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso".
Más allá de la demagogia de la última frase, la última frase es cierta: escribir bien (como investigar, como pensar, como pintar, como filmar bien, etc.) es meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío. Y la "escritura de calidad" (filisteo concepto) de Bolaño (o de cualquier escritor de esos que marcan a fuego a generaciones y cánones) es una cuestión política. Cualquiera escribe bien; no cualquiera escribe El Quijote en el momento que hay que escribirlo.: eso depende tanto del talento del escritor como del azar y como de la historia. (extrapolación maximalista a posteriori del azar). Bolaño escribió lo que la generación literaria de la década del 90 quería leer y no sabía hasta que lo leyó en Bolaño (porque el genio, románticos y Jung dixit, es el que pone clara y precisamente lo que los demás sólo intuyen oscuramente).
Pero también se sabe oscuramente, y los pensadores, los artistas que valen la pena, creo, son esos que precisamente pueden decir lo que sólo puede saberse oscuramente, sin saber muy bien ni ellos mismos qué significa lo que dijeron.
Y así.

viernes 18 de septiembre de 2009

Sinonimia

La dulce taquicardia del faso, tan parecida a la del amor.

viernes 28 de agosto de 2009

Holzwege

En cuanto al motivo que me impulsó, fue bien simple. Espero que, a los ojos de algunos, pueda bastar por sí mismo. Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás, que vale la pena practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce?

Michel Foucault, "Historia de la sexualidad, tomo 2, Introducción"

domingo 23 de agosto de 2009

Apunte para "about: blank"

Reproducir en algún momento la lectura del reportaje de Jet Lag completo en la forma en que es publicado: dos paginitas menos las fotos con todas las evidentes omisiones que ese espacio fuerza. Preguntarle a una periodista cultural qué seleccionaría del reportaje para publicar, y escribir este fragmento en consecuencia, con la estupefacción consiguiente de Tobi, desconociéndose en el texto que acaba de leer. Ni siquiera indignación: estupor.

jueves 9 de julio de 2009

Pa' que no digan que les miento, bororom borom borom

Recordarán que hablé hace unos meses de la próstata al explicar las peculiaridades de la sexualidad de Tobi, y sobre todo su filosofía respecto de la identidad sexual, muy cercana a la teoría Queer.
Bueno, para que vean que no les miento.

domingo 12 de abril de 2009

poema de la isba

poema:
palabras que se atisban entre desgarraduras
frases de redención que se susurran desde la isba consentida
mensajes de esperanza que nos damos
para soñar desfalleciendo la libertad en ciernes

poema:
desperezar palabras como cantos de aves
urdir atajos que nos fuguen de la patraña cotidiana
del sí tácito a la verdad-costumbre

poema:
acto de insumisión que nos trasciende
nos realiza en el otro
(ese que debe advenir en el silencio
posterior a toda palabra encubridora
no el "otro" fantasmal
el que dicta monólogos y ukases dentro de la cabeza
sino ese que está donde los dos nos encontramos
donde besos y aromas y sabores
y sonrisas exánimes
nos salvan del exilio cotidiano
nos convierten en acto
en singularidad
en dulce ereignis disoluta)

viernes 23 de enero de 2009

Arúspice

arúspice
atisbo del presente sordo
sorbo del ser

el poeta en el miasma cotidiano
condolido de sí
expoliado por las necesidades materiales mínimas
espoleado
por el deseo sordo
torvo
el acero del mundo (clavado en los ijares)
que lo impulsa a las planicies del poema
al cabalgar sin mapa
ni cruz del sur ni brújula
y empero llegar hasta ese sitio
que no existía antes del texto
y que se encuentra a sí en ese lugar
(a él
perpetuo náufrago del mundo)

porque eso es el poeta:
el instintivo profeta del presente

jueves 22 de enero de 2009

Una genial de Barone

Ayer, refiriéndose a "la resurrección espiritual de una nación de trescientos millones de personas" a raíz de la esperanza bastante irracional que despierta Barack Obama, Orlando Barone acotó: "es cuestión de creer o reventar. ¿Y qué necesidad hay de reventar, pudiendo creer?".
Este último aforismo me encantó, y quería compartirlo con ustedes.

martes 6 de enero de 2009

La libertad

Los grandes artistas logran resumir en una imagen, una melodía, unos versos, grandes preguntas, paradojas, respuestas a interrogantes filosóficos, históricos, religiosos, científicos, etc.
Para los que se escandalizan por la falta de libertad en Cuba, pero no por la falta de justicia social en la Latinoamérica "libre", o en las injusticias y atropellos que comete permanentemente en otros países el país gendarme de la libertad, vaya este fragmento de Zitarrosa: "¿qué es lo que quieren decir / con eso de la libertad?: / usted se puede morir, / eso es cuestión de salud, / pero no quiera saber / lo que le cuesta el ataúd".
Obviamente, no estoy hablando a favor de la falta de libertad en Cuba, sino del hipócrita fuera de foco en la falta de justicia social en nuestros países que se llenan la boca con la palabra libertad (para no hablar de infobae). Parece que les asusta muchísimo que se pueda propagar el ejemplo de la languideciente y exhausta revolución cubana. Y que se escandalizan más con siete fusilados por opositores que con centenares de millones que pasan hambre o están mal alimentados en la región que más alimentos produce en el planeta.
En fin; otro posible epígrafe para "La persa" (y van...).

lunes 22 de diciembre de 2008

60. Las artes de Afrodita

En un momento están meta y ponga y la llama al celular el pintor. Entre risas y gritos y a golpes de puño (verdaderos, y fuertes, la rubia sabe pegar, Tobi sólo la suelta porque ella le propina una piña en la boca del estómago que lo deja revolviéndose sin aire), logra desamarrarse y agarra el bolso y atiende.
(En inglés) Sí, ¿Eric? No… no vuelvo esta noche, no me esperes. No, con Mecha, quiero estar con los nenes. Y, no sé, hacé lo que quieras, salí con amigos.
Mientras, Tobi se ha abalanzado, feroz, a lamerle el culo, y cuando ella corta, se le encarama y la clava por atrás. Así, sin preámbulos ni medias tintas. Con ferocidad. Mutua. Muchas horas. ¡Con nadie les ha pasado esto, hasta este punto, siempre! Luego del primer polvo, retornó enseguida la violencia, la calentura, el reconocimiento, y ahora retozan como si no hubieran pasado los años. ¿En qué consistía este hechizo, esta excitación de maltratarse, morderse, golpearse, entre risas lastimarse y putear al otro y entre puteadas seguir cogiendo, felicísimos?
Claro, cada tanto paran, agotados, y tienen que charlar o callar o vivir, pero aunque los cuerpos no den más, el acto se renueva, al menor estímulo. Así, toda la tarde. En el medio, charlan, se cuentan cosas de su vida.
¿Qué onda? ¿Lo querés?
Por supuesto que lo quiero.
(se le llenan los ojos de lágrimas) Te encuentro y enseguida te pierdo de vuelta, es malvado esto. Yo quería ser la madre de tus hijos.
Yo quería que me devoraras, que me engulleras.
(mimándola) Y no quiero tener más hijos. Con uno es suficiente alegría y suficiente suplicio y suficiente esclavitud. Es la esclavitud de la sangre, de la sangre propia. No sabés cómo tira, cómo quisiera mandar todo a la mierda e irme con Jaspe a una islita a vivir en un rancho, y volver a la city una vez por mes a reventarme, y después volver a la islita, al ranchito, y reventarme todo el mes con literatura y… etcétera. Pero no puedo. No puedo. Ese maldito enano me chantajea.
(La rubia se ríe) ¿Cómo podés ser tan desalmado… con vos mismo? Sos un reprimido sentimental, boludo, mi niñito boludo, mi nene grande. ¿Por qué odiás ser feliz? ¿eh?
Ahaay… me estoy derritiendo… ¿Por qué nunca una mina me dijo eso, ni siquiera Jaspe, en ese tono, ni siquiera vos? ¿Por qué odio ser feliz? Decime. Explicame.
Porque sos un tonto, un beautiful tonto, que con toda su alma desea su perdición. La plenitud es la disolución, es la sabiduría. Pero la disolución más deliciosa sería fundirse en el ser amado, sea quien sea, con-fundirse en el Uno, pero eso no dura porque nada dura, y hasta el infinito te aburre. Y nadie puede soportar el infinito demasiado tiempo. Porque el infinito es inhumano y corrosivo. Pero precisamente eso es lo que deseás: la infinitud, la corrosión de ser vertiginosamente, un aleph de salud, un punto indiscernible de todos los otros y que sea todos los puntos, un sol que flota gigantesco y rojo y bellísimo, majestuoso, sobre un ocaso en la llanura infinita de la pampa, reinando, nunca más bello y rojo y grande que en esa plenitud inmediata a su muerte, a la desaparición en la negrura sin borde. Vos escribiste todo eso, y sabés que hablás de vos. ¿Por qué te cuesta tanto verlo?
(Con sincera aunque reiterada perplejidad) Sólo lo veo cuando lo escribo. MIENTRAS lo escribo. Después… son letras para mí. Oficio. Salvo para los otros, que dicen el poema, y me dicen, y quizá esa es la única infinitud posible para mí, la infinitud de la palabra horadada, mil veces dicha, repetida hasta que se diluya en el idioma, en la cultura, en la especie, en el mundo. (Cada palabra es un guiño, un reconocimiento, una sonrisa; reconocen juntos esas palabras y se sonríen, las repiten en tono de broma) Pero eso es algo lento y brumoso, y transhumano, y no me alcanza. No me alcanza en el sentido de que no me basta, pero me alcanza en el sentido de que me da caza, me atrapa. Y cuando vuelve en unos labios rojos como el desconsuelo del verano, húmedos de fiebre, “el juego que acalora” diría Shakespeare… mi anémona, mi Afrodita, mi perdición. (le va diciendo todo esto mientras la besa) La sabiduría no sirve para nada, mi bella. Y no exime de errores. Y se refrenda cada día, es como alcohólicos anónimos, cada día uno tiene que iniciar una batalla para no embriagarse de estupidez, un vasito basta para meterte de nuevo en el barro. Y uno nunca sabe demasiado, hasta cuando sabe mucho, muchísimo, hasta cuando ha alcanzado las certezas definitivas (definitivas para uno, claro, y definitivas mientras lo sean). Todo así, transitorio. Y doloroso, por ello. Y bello (horrible, horrible rima). Porque termina. Todo. Hasta cada fragmento de uno mismo. Y uno no se sabe mientras tanto. Porque la conciencia es présbita de sí misma, y mientras ve lejísimos con lucidez extraordinaria, con sabiduría límpida, se mira a sí misma y se le nubla todo. Y a mí me pasa eso, que se me nubla todo, todo el tiempo. Todo. (Se quedan un buen rato pegados, sin siquiera besarse, transpirados, en silencio) Perdón por tanta palabra atolondrada.
Me encanta que por una vez no estén en una hoja, que estén para mí, aunque sea una vez, aunque sea tarde, aunque sea grasa.
¡Fuck you! Es que dichas son falsas. Pero no ahora. Es decir, cuando lo dije, recién. Fue… como desenvolverme, para envolverme en vos. Algo… intrínseco y esquivo, y volátil, y tenue, y fragoroso, y épico. Te juro que no estoy drogado. Bueno, un poquito.
¡Ja, ja, ja, ja! Mmh, te amo. Te amo te amo te amo te amo. Por Dios que no existe, ¡te amo!
Ja. Estamos grandes: fijate cómo tenemos miedo de lastimarnos. Antes… nos gozábamos de producirle dolor al otro. A veces parece que para conocer el cuidado del otro hay que sentir en uno un dolor… infinito. Para querer que el otro no sufra, no pase por eso. Ese botoncito rojito y baboseado, mamita. ¡Cómo te quiero coger!

viernes 19 de diciembre de 2008

59. Osito Teddy

La alegría le quita un poco de fervor al asunto. Con un poco de rabia, se lo reconocen al cabo de un rato. ¡Todos esos polvos inevorímiles e interminables y uno atrás del otro, re sacados y al palo a cualquier hora, en cualquier momento y en cualquier lugar!
Y recordados, es inevitable. La primera vez en la quinta de Tir en Moreno, ¡como diez horas! (¿cuánto habían cogido, ese día?). Y después, siempre, mucho, a pesar de todas las peleas y las histerias y los quilombos, aún cuando no se dirigieran la palabra el resto del día. Y así… un año y medio… Parecía increíble, más ahora, desnudos y más contentos que excitados, mirándose.
Es cierto, no lo quería reconocer, pero estamos viejos.
Ja. Tengo yerba en el saco.
Es buena idea.
"… que acaba por prender la llama ardiente del amooor…”
, canturrea Tobi, caminando en pelotas como nuestros paisanos los indios.
La rubia lo mira, regodeándose de la vista de ese cuerpo, le mira el culito que le gustaba tanto en los mellizos… se queda mirando. Che... ¿vos no tenés el culo roto, no?
Tobi se pone blanco, casi se le cae la pipa de las manos. ¿¡Qué!?
Me pareció.
¡Y de dónde sacaste eso!
De mirar.
¡Es imposible, así de ojito! ¿O no?
, coloradísimo, avergonzadísimo.
La rubia se ríe. Mmh, ya me vas a explicar eso. ¿Entonces en serio te garchó Jorge?
No hay nada que explicar
, interrumpe Tobi, molesto. Vierte la yerba en la pipita, enciende. Se queda pitando, enculado. Además, es mentira eso, me había olvidado, maldito cuentero. Peor que los machos heterosexuales.
Para mí no es ningún pecado.
Uy, loca, cortala.
Se interrumpe de pronto; levanta la vista, como si hubiera cometido una falta.
¡Qué carácter de mierda, que tenés!, ¿sabías? (lo ha mirado excitada, ahora sí, como antes, con ferocidad, cruelmente; ahora sí es la rubia; eso le causa gracia y lo pone un poco contento y lo excita mucho: se le pone al taco en un segundo)
Ja. Se acerca, le pasa la pipa. Fumá.
La rubia agarra la pipa, chupa desprolijamente una bocanada, le sopla la cara y abandona la pipa con negligencia en la mesa de luz, y Tobi intenta echarle el cuerpo encima y ella lo frena con las dos manos y le manotea el juguete. El juguete, sumamente interactivo, se estremece todo. Ella lo aprieta y lo masajea (su dueño se queda de costado en una febril quietud, con los párpados bajos), longitudinalmente, apresándolo con fuerza entre los dedos pequeñitos, y cuando destila las primeras gotas del venéreo licor, se inclina sobre él y comienza a lamerlo sin soltar, rítmicamente (in crescendo), y después a besarlo con ruiditos, al principio con los labios juntos, en la punta (mientras el dueño le aferra el cráneo y gime con los ojos cerrados), y luego abriéndolos, metiéndose el juguete en su boca.
Y cuando siente (en sus dedos, en el gemir creciente de Tobi) que el juguete está por acabar, se separa de pronto y se tira boca arriba, de costado sobre la cama de dos plazas, y abre las piernas y Tobi se arroja sobre ella sin ningún cuidado y la penetra con furor y sin ninguna técnica ni táctica, durante diez minutos, ferozmente, olvidado de todo, mientras la rubia asiente con dientes apretados que sólo se aflojan para soltar gemidos y lo aferra de los glúteos con ambas manos, con los muslos doblados en navaja respecto de su torso, anudada a él, olvidada de todo.
Luego del paroxismo, exhaustos, se quedan así, con los ojos cerrados y el cerebro en off, un par de minutos, ¡y está tan bueno eso!: poder olvidarse de todo por un cuarto de hora, poder hundirse en el presente, clavarse en el presente, ser clavada a él, yyy… nada, nada más. Por eso solo, cada cual pagaría tres vidas de infortunios. Y eso, los une, a pesar de todo y contra todo (contra ellos, incluso).
Después advienen las palabras, esas intrusas.
(rubia, jadeando, empapada en el sudor de ambos, sonriente abriendo al fin los ojos, mirándolo al final de la frase) ¡Ah! ¡Es el mejor polvo que me he echado en años!
Tobi comienza a oír la frase y vuelve en sí, abre los ojos, la mira a los ojos al final. No le queda aliento para decir nada; sólo la mira sonreírle de tan cerca y siente un rencor estúpido, cómico porque por qué tendría que sentir rencor contra ella, ¡y en ese instante! Pero la economía anímica es así: uno se da, se olvida, y luego se arrepiente, quiere recuperarse, replegarse en sí. Pero, ¡mierda, él no quiere replegarse, es horrible replegarse! ¡Y es tan bonito poder darse, así, sin preguntar y sin temer (casi, o por lo menos en el medio) a otro, a otra, a ella! Y se acuerda, le viene a la memoria sin que la busque una frase de un antiguo poema suyo, rayado al azar ¡hace tantos años!: “yo quisiera perderme para encontrarme para poder perderte y encontrarte”. Y se pone de los pelos, porque siente AHORA que, sin saberlo en ese entonces, hablaba de ESTO, y lo asustan siempre esas profecías literarias.
La rubia lo nota, porque sus músculos se ponen tensos, y además se quedó abstraído. ¿Qué te pasa?
Tobi la mira, sin saber si abrir su alma o callar, como antes, un poco temeroso de dar armas al enemigo, pero sabiendo ahora ¡que no es el enemigo! ¡Eso! Es todo un cambio, pero el atavismo siempre pesa (Sarmiento dixit). Luego susurra, inseguro, Me acordé el final de un poema, de hace tantos años, de cuando estaba acá, en el departamento. Uno que dice “yo quisiera perderme para encontrarme para poder perderte y encontrarte”. O… ahora no sé si es al revés, pero el sentido es el mismo. Y sentí que… que en ese momento hablaba de ESTE momento. Y me pone… es inquietante, me siento en una película de Polanski.
¡Ja, ja, ja!
No te rías… Apenas uno toma nota de la vida, de la vida de uno, empieza a darse cuenta de todas las “recursividades”, de todo lo cíclico. Por otra parte es tonto, es profecía autocumplida, y además, ¡hay que encontrar una frase así en un momento como éste, el problema soy yo, como siempre! ¡Y te juro que no las busco! ¡Me encuentran! Y
(con una sonrisa) no puedo esconderme, porque están en mí en algún rincón de la cucusa, yo soy ellas.
La rubia se ríe y le revuelve el cabello, le besa el rostro. Mi niñito tonto… y loco… ¿Te das cuenta de que estás loquito, no?
Sí. Pero no puedo evitarlo.
Y eso que no fumaste casi. ¿Le pegaste a mucha gente, allá?
(Serio) Nunca le pegué a nadie, en ningún lado.
¡Ah, qué cararrota!
¿Qué…? ¿A vos…?
¡No! ¡A… a mí también, pero no hablaba de eso!
Ah… claro… Pero ni siquiera. Mi violencia es conmigo mismo.
Por suerte para los demás… El marqués de Sade sería un poroto, o la Condesa Sangrienta.
O este… Gilles de Rhé… más ése, ¿no?
El amor letal…
(revolviéndole el pelo)
No hablemos, mejor. Cojamos… mi amor… mi rubia, mi rabia… (La besa mientras le dice esto, Picachú se pone de vuelta como loco, la vida es cíclica)

jueves 18 de diciembre de 2008

58. Psicocisnes en danza sagrada

El asunto es ¿dónde enclaustrarse todo el día? ¡No van a ir a un telo a encamarse diez horas! Pagan en el restaurante, salen a la calle comentando con frialdad eso. La rubia piensa en voz alta: Casa de Mecha no, casa de… Carlos no: es un puritano … ¡Casa de Selva! ¡Listo!
La llama.
(Selva) Sí.
Necesito tu casa por todo el día y toda la noche. ¿Podés quedarte en Parque Chas?
¿…? ¿En qué andás…? ¿No me digás que Tobi…?
Sí.
¡Pero cómo ha cambiado ese chico, está hecho un hombre! ¿Y cómo te alcanzo la llave?… Pero, ¿y Jaspe?
Según Tobi, tiene permiso.
¡Uuuuh, esta chica, parecía normal, ahora cierra todo! ¿Y vamos a estar todo el día todos juntos en la casona sabiendo que ustedes dos están encamados?
¡Ay, no sé, Selva! Se hace lo que se puede.
¿Eric?
Ay… no me lo nombres… ¿Te pasamos a buscar la llave por el Salón?
Listo.
Sin embargo, no hay el menor atisbo de remordimiento. Con una naturalidad increíble para ellos dos (juntos), retoman esto que no saben cómo llamar ni quieren llamar, pero los llama a ellos. Tobi la mira mientras para un taxi y ni siquiera se siente ansioso, o excitado. Y piensa que va a aceptar, que va a decir que sí quiere el puesto en Ombú y que retomarán este vínculo y que ninguno sabe qué será. Pero va a ser algo distinto.
La mira. La joya distante ahora charla en taxi. Pequeños detalles así que cambian todo. La ferocidad de la rubia se ha disipado con los años o con la situación, y hablan ¡arriba de un taxi! ¡del estado del tiempo!
Despues… cosas: los lentes azules, con vidios medio ovalescirculares, igualitos, por el Drácula de Coppola, cuya fotografía los fascinó de niños a los dos. Pero antes ninguno de los dos tenía lentes así: hicieron lo mismo, y por la misma razón, pero separados.
Esas rimas.
Luego ella se baja sola y vuelve a los cinco minutos. Cierra de un portazo y señala al chofer una dirección en Villa Urquiza. Llegan.
Esto es muy loco, dice la rubia riéndose luego de cerrar con llave desde adentro.
Más tímidos que dos adolescentes, un poco avergonzados de estar avergonzados, sorprendidos de mirarse a los ojos y descubrir en el otro la misma timidez, o vergüenza, la misma incomodidad, la misma incredulidad, la misma alegría inenarrable…
¿Vos podés creer que estemos juntos, los dos? ¿Lo pensaste alguna vez? Yo mil veces, dice la rubia, Pero jamás me pareció posible.
¿Me recordabas?
¡Ah…! Ya no tanto. Últimamente no tanto. Pero siempre… me pasa de estar en una determinada situación, o en un lugar, o con una persona que vos no conocés, y decirme, después de días o semanas de no pensar en vos, “Ah, esto me pasó con Tobi, o Cómo reaccionaba Tobi ante tal situación, o A Tobi le hubiese encantado conocerlo a este viejo”. Cosas así.
(Baja la vista y hace silencio; luego pregunta) ¿Y a vos te pasaba?
Al principio… Estuve viviendo en una pensión, cuando caí en Atenas… Estaba todo el día pensando en vos, en tu cara, en tu… aroma… No podía pensar en otra cosa que en vos, todo el tiempo. Creí que iba a volverme loco.
¿Y por qué te fuiste, entonces?
A veces no alcanza con desear estar con alguien para poder estar. Si me quedaba acá iba a tener que matar gente, y cualquier cosa que hubiera hecho me iba a separar de vos. Y… sentí que no podía estar más con vos, que me habías defraudado… por no ser el monstruo invulnerable que yo te había… adjudicado como identidad… Y después… pasó el tiempo, yo estaba… en la calle… entre vagos y faloperos que hablaban en griego y yo no les entendía ni la décima parte, y entre esa gente me… hice amigo de algunos, y ahí conocí a Jaspe… y Jaspe… me salvó… me sacó del pozo de tu ausencia… Es como el poema ese tan lindo de Georgie “Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde”. Así, literalmente. Y… me pude desatar un poco, y de a poquito Jaspe me fue atando con paciencia biológica, cazándome… y después… tuvimos el hijo, y yo me metí a trabajar en serio en lo de Ombú (al principio fue casi una joda, pero después de Lea ya no había salida) y empezamos a contactar gente no sólo de negocios de ropa sino también trabajos posibles para mí, en lo literario, y después comencé a editar, como a los dos años. Una novela por año. Porque además lo de Jaspe, lo de Leandrito, disparó mi cucusa, y cuando salí del soponcio me puse a escribir muy orgánicamente. A terminar libros que estaban por la mitad, o sea todos, yyy… de ahí… hay tres novelas y dos libros de poemas míos, publicados en griego, no están en griego todos los que publiqué, falta una novela y el de ensayos. Salió así todo de golpe, en tres años seis libros, fue un aluvión. Sólo con ordenarme… trabajo…
(se queda en silencio) Así que pude… no sé si olvidarte, vos también volvés a mi memoria en ciertas situaciones, pero por lo menos desasirme de tu ausencia, vivir el presente que se me presentaba.
¿Y ahora? ¿Por qué viniste?
… Un poco por insistencia de Jaspe, que quería conocer. Sobre todo por cuestiones de negocios, lo de Ombú principalmente, y aparte mi editorial griega quiere publicar una colección de literatura latinoamericana, yo sería en principio el articulador y traductor jefe, digamos. Nada muy importante, tiradas tamaño Grecia, es muy chiquito.
¿Y por mí no?
(lo mira; Tobi la mira y baja la vista, calla) Decime la verdad.
La verdad… ojalá la supiera. Ja… Vos sos la verdad, Jaspe es la verdad, Leandrito, Tir, las chicas, Atenas, todo lo lindo y todo lo feo…
No me chamullés…
… Ja… no… La verdad es que vine porque tenía ganas, por muchas razones, de venir, por negocios… Y que venir removió en mí un montón de cosas… que creía olvidadas, o que persistían… aletargadamente en mi conciencia. Y Parque Chas era una de las principales… mi amor por ustedes. Y cuando tuve los pasajes y supe que venía, no sé… tuve una gran angustia y una gran alegría y una loca esperanza… estúpida… de encontrarte, no sé para qué, estamos los dos casados, yo estoy contento con Jaspe. Y sin embargo… Lo que yo quiero siempre es imposible…
La rubia se le acerca y lo abraza, lo besa como a un niño. Tobi se abandona, pensativo y sonriente, a sus brazos, y se quedan así, besándose silenciosamente, abstraídos, casi como tristes. Alegres y tristes. Síntesis imposible, pero real.

miércoles 17 de diciembre de 2008

57. ¿De qué carajo estábamos hablando...?

¡Ja ja ja ja ja! ¡Parecés Tir, pibe, estás viejo! Me estabas diciendo que amás a Jaspe.
Sí. La adoro.
El chiquito. Es precioso.
Sí.
Papá baboso. Te juro que lo vi y casi me desmayo. Casi ni hablé con él y ya lo adoro, como si fuera hijo mío… o sobrino…
Je.
En serio. Quiero verlo, conocerlo, maleducarlo.
Ya se encargan los tíos griegos. Es el único nene, imaginate.
Acá igual, con los nenes de Mecha. Es como… Selva los adora, y yo también, me dicen tía. Y Tir… parece Jack Nicholson en la película esa… con Shirley Mac Laine…
¿Cómo carajo se llamaba?
¡"La fuerza del cariño"! Así, increíble, lo ves jugando con los chiquitos. Como si él fuera un nene.
Como una familia.
Somos como una familia.
No sé. O como una cofradía, en todo caso. Una hermandad muy honda.
(Pausa) Yo los llevé siempre a todos lados, a ustedes. Siempre pensaba en ustedes. Cuando lo fui a ver a Tir al Salón… temblaba… porque tenía miedo, no sé, de que me hubieran olvidado, o que hubiesen conocido a otra gente y ahora no me quisieran como yo los he querido tanto tiempo sin verlos. Casi me cago a trompadas con el grandote de la seguridad…
Sí, me contaron.
Sí… Yo iba abstraído, encaré para la oficina y el tipo me atajó, y yo lo saqué de un manotazo, todo esto sin decir ninguno de los dos una sola palabra, y llegamos forcejeando, yo alcancé a abrir de un golpe la puerta y le aparecimos a Tir amarraditos y a los tirones. ¡No sabés la cara que puso!: blanco, estaba, hasta que me reconoció, y se puso más blanco. Y yo… estaba asustado como un principiante, como si Tir me fuera a retar.
(Silencio)
Bueno. En todo caso, bienvenido otra vez a la cofradía.
Yo creo que ya pasó, eso, ¿no?
Sí, sí, ya sé. Digo. Que no te pierdas.
Todavía estoy tratando de encontrarme, y vos me pedís que no me pierda. Ja, no, es un chiste.
Más relajados, almuerzan contándose cosas de las afueras de Londres, de la ciudad de Atenas y alrededores, de las islitas del Egeo, de Corfú que es una isla preciosa… de Delfos… Delfos, el hogar de los dioses en la tierra… De Londres, la metrópolis pop y conservadora todo junto, el terrorismo, el mundo, la mierda, las bandas… Björk, que no está en Londres pero que sigue viva, inmortal…
A la sobremesa, la rubia, aparentando indiferencia, pregunta ¿Qué tenés que hacer el resto del día?
(La mira) Nada. Estar con vos. (la rubia lo mira, sonriente) Y tengo permiso.
¿Permiso? ¿De quién? ¿Para qué?
De Jaspe. Me dijo que si no podía convencerte por las buenas de que aceptes el puesto en Ombú, podía apelar al sexo.
¿Tan convincente es tu pene?
Si no lo sabés vos…
¡Puff, ni a mí me cuesta tan poco remordimiento engañar a mi marido! ¿Cómo podés acostarte con otra?
¿Nunca lo engañaste?
No.
(Con un pucho sin encender en la mano, pensativa y luego mirándolo a los ojos) ¿Vos sabés que no? Qué increíble, ¿no?
Además, te digo en serio lo del permiso.
Ffff, estás cambiado. Cuando te conocí casi te tuve que violar para que me dieras bola. Ahora me atacás así. ¿Qué te dio?
Me voy mañana.
(Con un gesto súbitamente doloroso) Dame tiempo.
¿Tiempo para qué?
Para saber qué es esto, si es algo, si es que termina acá o…
¿O empieza acá?
Es angustiante. No puedo pensar nada.
¡No, no, no empecemos! No es nada, o mejor dicho, sí, es todo. ¿Querés que te diga lo que es?: es sexo.
Qué duro que sos. ¿No querés a tu esposa?
La amo. La adoro.
¿Y esto… dónde lo ponemos?
Quizá en ninguna parte, o quizá hay que construirle un sitio. No sé, no puedo pensar, no quiero pensar ahora. Quiero coger. Te quiero coger. Y no tenemos tanto tiempo, habrá que hacer noche sin dormir. ¿Tenés alguna pastillita?
No vendo más.
Todo lo bueno llega tarde.
Pero es bueno que llegue. Aunque sea que pase un ratito. Si es que es un ratito.
¡No, no, no, no, rubia, no pensemos! ¡Cuando no pensamos es cuando mejor la hemos pasado!

martes 16 de diciembre de 2008

56. Manifiesto

O sea, me abandonaste…
Como un castigo. Como un autocastigo, en realidad. Por haber deseado. O… no sé… Algo así, no hablemos de eso ahora, en verdad no lo tengo muy claro ni siquiera hoy. Lo cierto es que en ese momento estaba hecho mierda con ganas de hacerme mierda… y ella… ahí… apareció, y… nada, nos gustamos, nos encamamos, nos gustábamos mucho y ella era… me llenaba de paz, estar con ella era el oasis, valga la trivialidad de la imagen, el segundo de mirar a Beatrice entre todo el infierno cotidiano. Y… en el medio de todo eso, como si alguien viviera enterrado en el barro pero limpio, ¿mentendés? Yyyy… yo vivía en la calle… Bah… Estuve en la calle unos días, no sé, dos semanas… y ella me buscó y… me llevó a su casa… un sucucho que se llovía todo, lleno de humedad, frío… una mesa, y una cocina, y una cama, grande, y una bibliotequita, decenas de libros en caracteres griegos.
Ja. Re lírico… La mamá que te viene a buscar y te salva.
… Claro… Y al mismo tiempo, incapaz de salvarse ella misma, y ayudándome.
¿Y cómo hiciste guita? Nunca… vos siempre estabas presente en nosotros, cuando nos juntábamos con Mecha o Carlos o Tir o Selva, pero… obviamente, nunca te nombraban… delante de mí.
… Era “esa mujer”…
Ja. Así. Yyy… Pero, no sé, o sea, me contaron o me enteré por terceras personas, empecé a leer crónicas de libros tuyos y después a leerlos… y después me dijeron que estabas en Grecia y que tenías… una marca de ropa. ¡Y no podía imaginarme nada más anti-Tobi que vos de empresario! ¡¡Y diseñando ropa!! O algo así, yo tampoco preguntaba demasiado. Y acá… nadie entendió mucho cómo terminaste haciendo eso. Es un misterio.
(riéndose) Je. Me he dado cuenta estas semanas, hablando con gente “de la cultura”, que… soy como un misterio, no pueden descifrarme, no les cae la ficha. Soy como un personaje romántico para los que no me conocen o me conocieron de lejos… antes… Y para colmo, con cualquiera de mis conocidos que hables de acá, de la época de la tribu, todos te van a decir que yo era un chico MUY RARO. Y que, no sé, Tir o Mecha, digan de alguien que es muy raro, y con tanto énfasis, no sé, debe provocar todo tipo de alucinaciones en esa gente. Ja.
Y a vos te encanta… ser indescifrable.
Qué sé yo. No me preocupé por generarme una leyenda. Es decir, no lo hice adrede. Simplemente ahora llegué y me encuentro con esto y… me resulta muy divertido. ¿Quién es el que dijo que la verdad es un gran malentendido?
¿Kafka?
Tendría que ser, ¿no? Bueno, eso. ¿O fue Chesterton? “El mundo es una gran broma, sin ningún sentido”. O “He conocido la verdad, y no tiene sentido”.
¿Y allá? ¿Qué hacés? Aparte de escribir y diseñar ropa.
Bardera… no… Allá también es un poco raro. Porque soy como una especie de Luca Prodan, de Gombrowicz, me sienten de ellos, mis amigos o conocidos artistas, todos jóvenes, de veintipico o treinta y pico o cuarenta y pico, pero no soy de allá, todo mi pasado es un misterio y yo no cuento nada.
Hay que unir las mitades…
¡No!
(se ríen mucho) Un tipo… Mirá, me acuerdo de Aristóteles. (la rubia lo mira, intrigada) Un tipo que habla, se revela, o se oculta, a través de una palabra… Se encadena a la palabra que dijo. Queda impresa; vos la olvidaste perooo… los que la escucharon la convirtieron en un objeto, la archivaron, la registraron, digamos, y se hacen un mapa de vos de acuerdo a lo que ven y a lo que decís. En cambio, un tipo que se calla, que no dice nada, multiplica el misterio. Y a mí me circunda el misterio.
¡Pero claro! Se deben pelar el culo tratando de entenderte.
En suma, la verdad, la realidad, el phainónemon, es, son, alucinatorios. La verdad es una alucinación. Lacaniano, ¿no?
Re.
Eso. El asunto es cuando uno descubre esta índole "estética", artefactual, de la verdad. La falsedad de la verdad, de toda verdad. El discurso no demuestra la verdad, sino que insiste en ella, decía, creo, Lacan. Es la verdad porque la creemos. Pero si no la creemos, ¿qué pasa? ¿Qué nos pasa a los que ya no la creemos?
Ja. Me estás quemando la cabeza.
(en tono zumbón) Es la tarea del artista, quemar cabezas. Desmontar al humano a través del montaje de la obra.
Yo leí todas estas cosas, pero… Y las leí hace mucho, algunas. Peroo… es distinto, escuchártelas. Tiene otra carga dramática.
Trágica.
Sí. Está dicho con sangre. Y comparto.
Es como decía Pirandello. Somos dignos de compasión, los que ya no nos engañamos. Y sin embargo… tenemos que creernos, o sea, que crearnos… para seguir viviendo. Porque queremos seguir viviendo.
(Es un encuentro raro; la rubia descubre, casi sin sorpresa, que sus reflexiones están muy cercanas, o están muy influidas por las ideas de Tobi, o por las ideas que inspiraron a Tobi, o por el caldo de cultivo que los hizo a ambos… Tir, Parque Chas, la época; y al mismo tiempo desnuda su alma como nunca, como nunca desde que lo conoció a Tir hace… ¡tantos años! quince o más) Claro. El problema es que no sabemos cómo. O mejor dicho, nadie sabe cómo, pero como no se lo pregunta, no sabe. Y viven tranquilitos. En cambio nosotros sabemos que no sabemos, y tenemos que aprender todo de vuelta, tenemos que aprender a mirar todo de vuelta.
Y ahí llegamos. Eso es ser artista. Aprender a mirar todo como si fuera nuevo, pero no por elección estética, arte por el arte, por el orto… sino porque no podemos elegir otra cosa. Nos elige. Y uno es, en suma, un intermediario… alguien que oficia, como un brujo, con las deidades, que las inventa para que los demás aprendan a mirarlas, a creerlas, a adorarlas… porque no se puede vivir sin adorar algo… Yupanqui hablaba de “la música que me ayuda”. Los artistas que te ayudan…
¡Aaaayyy, sos relindo! Qué manga de inadaptados que somos.
Pero lo peor es que ahora nos aceptan. Antes, al distinto, lo rechazaban por distinto. Eso nos daba un lugar, un status, estábamos aparte, era heroico ser artista en el siglo XIX o en 1965. Ahora todos los boludos se pintan el pelo de verde, o se dejan romper el culo, todos tocan la guitarra o actúan. El imperativo categórico es ser diferente. Y lo peor que nos pueden hacer a nosotros es aceptarnos, legitimarnos, porque nuestra verdad es ser lo contrario a la manada. Los despreciamos, pero ellos quieren ser como nosotros, y de ese modo, imitándonos, modelizándonos, nos falsifican, degradan lo que somos. Esa es la gran tragedia de la posmodernidad: la imposibilidad de lo trágico, de escapar hacia lo trágico, lo heroico (porque el héroe es aquél que se revela contra las normas pelotudas de la mayoría, contra la Ley aceptada por todos; bueno…: Kierkegaard, Freud…). Lo único que queda es el escopetazo en la boca, como Cobain, o el cinismo. Y cuando todo el mundo quiere ser Artaud (sin lograr más que banalizarlo, por supuesto), el deber de uno es ponerse en otro lado, ser otra cosa. No sé dónde, no sé qué, pero en un punto inalcanzable para la gilada (no tendría que ser la erudición, la mera erudición,
refinado modo de ser gil). Dejarlos que se amontonen en el rebaño playero publicitario escenario-para-que-te-vean, farsa casi consciente, “burdidad” en todo caso. Y que lo ignoren a uno o lo miren de lejos intrigados o incluso indiferentes o despectivos (eso sería todavía mejor) mientras sentado en la punta de la duna uno oye el ruido del mar, el oleaje misterioso del mundo, abstraído, VERDADERAMENTE ABSTRAÍDO PENSANDO BOLUDECES, en el único sitio a donde jamás podrán llegar los pichis con afanes de piola: en el bocho, con la mente perdida en cualquier parte, como una piedra que a nadie le importa, entre todo el tiempo y entre todo el espacio, grial secreto de la mente; callando (único modo verdadero de decir la verdad)… En resumen: para nosotros, la entronización a que nos somete el rebaño es algo despreciable, como ellos. ¿Y cómo huís?: vendiéndoles ropa. Devolviéndoles el desprecio multiplicado por el disimulo, correspondiente a la adoración impropia que recibimos de parte de quienes no merecen adorarnos. O sea, no nos adoran a nosotros sino a lo que somos, quieren ser "re-heavies".
¡Ja ja ja ja! ¡No me digás que pensaste todo eso para empezar a vender ropa!
No. Eso se dio. Estábamos fumándonos con una piba en casa, Jaspe dormía una siesta y yo… estaba trabajando… me empezaba a vestir onda Parque Chas, y los locos flasheaban. Y esta piba empezó a delirar que tendríamos que poner una marca de ropa, "vos la diseñás y nosotros con Jaspe la hacemos, sabemos coser"…
Raza de Penélopes…
… Ulises posmodernos… Pero lo que quiero decir… es que… nos fuimos a la recontra mierda. ¿De qué carajo estábamos hablando?

lunes 15 de diciembre de 2008

55. "¿Qué es Dios? Eso: un grito en la calle"

A mediodía (Tobi está durmiendo como un cacho de piedra, recuperándose del mes de jolgorio continuo) suena su celular. Es la rubia, que lo cita para almorzar una y media en un restaurant del microcentro. Ella habrá estado con la sesera a mil esa noche de alcohol y sacudimientos espasmódicos en los boliches, y antes de dormirse y quizá sin poder pegar un ojo con el inglés al lado mientras el inglés duerme lo más choto (si es que duermen en la misma pieza).
… Por supuesto (dormido) A la una y media estoy.
Se levanta todo lo rápido que puede, saluda con un beso en los labios a Jaspe que apenas se despierta, maullante y desnuda, y se pega un baño rápido y se pone un pantalón ajustado y una remera a rayas con zapatillas, acompañado con un saco liviano por si levanta viento (¡Qué mierda va a levantar, cada día que pasa la temperatura sube dos grados!).
Entre el gentío, divisa el restaurante, hay un solazo que raja la tierra, el cemento y el asfalto HIERVEN, es verano en Buenos Aires. Nervioso, casi temblando, otea el interior del negocio buscando a la rubia, que, también nerviosa e impaciente, resacada, le hace un gesto irresoluto al verlo.
Se saludan con un beso en las mejillas; por un segundo dudan en abrazarse y decirse lo mucho que los alegra verse de nuevo; pero no es de eso su relación.
Piden una bebida, ordenan morfi, el mozo se va, y se quedan mirándose, contentos de poder mirar al otro.
¡Qué linda que está!, piensa Tobi. ¡Qué hembra, qué flor de hembra, y esos ojazos que me derriten de pavura, Dios; con ojeras y todo!
¡Qué lindo que está con ese pelo corto, cuánto ha cambiado y al mismo tiempo el mismo aspecto de adolescente taciturno y demasiado maduro al que nada lo roza, enclaustrado con gusto en su mente, preso y feliz de estar preso!, piensa la rubia.
¿Cómo romper el hielo?
¿Te llegó el cuadro, no?
"Tigre…"
Sí.
Qué bonito cuadro… tan ligado a vos, a nosotros, además. Un tigre para colmo.
Uh, no empecemos con la nostalgia.
Llegado un punto… la nostalgia… parece inevitable…
(desembozando pensativa inquietudes propias, nunca dichas, menos ante Tobi) Sí. No estamos hechos para durar, y la felicidad tampoco, ¿no? Y entonces nos aburrimos o nos resignamos. Yyy… la gente como nosotros no está hecha para resignarse, a la larga. Últimamente he descubierto… que no soy tan capaz de que me dé lo mismo cualquier cosa. Quiero ¡esto! (señala con un dedo) Escuchá: los gritos de los tipos que se cruzan por la calle, y en el restaurante suena “Chin Chin” de Piazzolla. ¡Qué lindo! ¡Qué lindo!
O sea que capaz que aceptás.
La rubia sonríe, entre amarga y resignada y sorprendida y casi contenta. Mira para la calle. Es muy tentador. Estar acá, en el loquero. (Lo mira) Verte, volver a verte. ¡Uuuuf, qué jodido es esto, vos estás casado! ¿Qué hago con eso?
No tenés que hacer nada.
Yo quería tener hijos tuyos. Te juro que quería. Me mataste, yéndote.
(incómodo) No sé qué decirte…
Yo lo arruiné, no tenés nada que decirme.
La situación lo arruinó, linda. Los dos estábamos muy al palo, no era el momento.
(pensativo) Yo… te juro… Que me hacía la cabeza con un montón de cosas, y una era esa, la certeza de que vos eras LA mina, y… pero que ese no era el momento, y me angustiaba en ese momento estando con vos, porque sabía o sentía que te iba a perder, y no me resignaba. Y tenía que reventar por algún lado. En la vida uno no decide casi nada, la vida te pone frente a una circunstancia y uno se resigna ante eso, o se rebela en todo caso, pero siempre es algo así. Dios dispone y el hombre propone, después.
… Nunca tuvimos una charla así antes, nosotros.
Nunca tuvimos una charla. No era de eso, lo nuestro.
Pausa. Están contentos y tristes. Contentos de verse otra vez, de esto que avizoran tímidamente, y tristes por los años sin verse, por lo que debía haber sido.
Te miro y estás… tan… mansa… o quizá, no sé, quizá es mi mirada la que cambió, pero antes me parecías… una fiera, un animal prodigioso… La bestia rubia, ja… Y ahora… te veo… Yo antes te miraba y eras “la rubia”, no eras una mujer más, eras… el amuleto del cosmos, no sé cómo decirlo, eras el centro del mundo, todo giraba a tu alrededor y a tu voluntad (a tu voluntad, no a tu conciencia). No podías tener nombre, porque eras mucho más que una simple… mujer… Ahora te veo, me mirás a los ojos, y no puedo decirte rubia sinceramente. Y no sé cómo llamarte… (con una sonrisa irónica y cansada) Me angustia… es muy angustiante para mí verte de nuevo… No por vos, entendé… me pone feliz... verte. Estúpidamente feliz porque no sé por qué me tengo que poner feliz por verte, como si… pudiera tenerte de nuevo, pero lo que yo quiero es tener a la rubia, ¿me entendés? A la rubia, y no a vos. Vos sos… Fernanda, Fer, Ferni… y me produce mucha ternura verte, no sé por qué, pero te juro que antes nunca me pasó con vos, que me produjeras ternura. Eras algo tan… bello, y tan… cruel… inalcanzable… inalcanzable. Inabordable. Y ahora no sé cómo mirarte, cómo llamarte.
Estás re distinto. Nunca habías hablado tanto de vos, jamás, conmigo. De vos, de lo que te pasaba. Y vos también eras muy cruel. Éramos crueles, salvajes los dos, nos lastimábamos…
… casi sin saberlo, pero sabiéndolo, y con placer. Nos lastimábamos el uno al otro, nos agredíamos, y eso era excitante, ver quién le bajaba el copete a quién, como me dijo Tir una vez. Éramos crueles porque éramos jóvenes; unos nenes demasiado grandes, demasiado tontos, demasiado bellos. Algo mucho más fuerte que cualquier palabra, y contra toda palabra incluso. Era insalubre, y doloroso, y nos quemaba. Y nos gustaba, arder.
Qué lindo que hablás.
(sonriéndole) Qué lindo que sos. Pero… pero no lindo de lindo. Lindo de… persona. (pausa) Quisiera que esto no se termine nunca, este momento, así. Me hace bien, no sabés la paz que siento ahora.
Ja. Estamos viejos…
… No, no, estamos jóvenes, ni siquiera empezamos a vivir.
Pero ya abjuramos de la vida. ¿O no?… ¿Vos lo amás al coso ese…?
Ja, ja. Ni lo conocés y ya me celás. No sos mi novio. Él es mi pareja.
¿Lo amás?
Lo quiero mucho. ¿Vos a… Jaspe… la amás? ¿Vos le pusiste Jaspe o se llama así? ¿Siempre le tenés que poner nombres a tus minas?
Ja… creo que hay una recurrencia, ahora que decís … Yyy… sí, la amo, si no fuera por ella probablemente estaría… muerto, no sé, o viviendo en los caños. Ella… sacó… lo mejor de mí… o yo lo saqué para ella. Es decir… mucho no me importa, o no me importaba; yo mismo, lo que me pase… por mí. Uno vive igual. Pero cuando la conocí… a ella… ¡era tan… terrible, la vida que llevábamos, estábamos tan en la lona… todos!
¿Quiénes son todos?
¡Todos! Los que andábamos en eseee… ambiente en que nos conocimos.
¿Reviente?
Sí, algo así, y un poco de bohemia pero sin arte. Meros holgazanes, pero no unos orangutanes cínicos; algo tan bello, tan… una candidez de vivir. Y éramos todos unos patanes, todos y todas.
Un ejército, parece por lo que contás.
Sí. "El ejército de los desheredados", con perdón de la… del melodrama. Algo muy lindo, retrospectivamente… en ese momento me quería reventar la cabeza contra una pared…
(se cuelga, como antes, nota la rubia con ternura)

viernes 12 de diciembre de 2008

54. Sturm und drang

Se preparaba una cena multitudinaria, uno de los asados Tir. Con Mecha, los dos hijos, Selva, Gastón, Freddy y su chica, Carlos vuelto de Punta sin Santi, Barbie con Julio, Jorge con uno, Castro sumado con su esposa poeta, más Jaspe y Leandrito y él y la rubia y este… Eric. Veintipico de personas sumando los colados usuales a último momento.
Tobi se acercó al grupo de gente y, mientras trataba frenéticamente de no mirar a la rubia, hacía calenturientos cálculos: ofrecerle que se haga cargo de la gestión comercial, sí: ¡pero estaba juntaba con un tipo! (que charlaba con Tir, serenamente entre el bullicio criollo de las féminas). Claro que, si lo quiere largar, lo larga, sólo que, por orgullo nada más, me va a decir que no, para que no parezca que está muerta por mí. Pero si me dice que sí y lo abandona al otro (pero, ¿por qué tendría que abandonarlo?: puede hacer las dos cosas) es porque está muerta por mí. Lo mismo que la acercaría la alejará, porque ella es así. ¿O se tragará los mocos y vendrá al pie? O lo hará de a poquito, “Te voy a visitar”, “Voy un par de semanas a Atenas y vemos; de paso conozco”. Le dirá a su tipo “Me voy quince días de vacaciones a lo de un matrimonio amigo, en Atenas, ¿viste los que conocimos en Parque Chas?”, y después, si se decide (aunque si viaja ya estará decidida, lo que hará será no querer dar el brazo a torcer de manera ostensible, ante… no ante todos, sino ante ella y ante mí, ante ella y ante mí, hacerse un subterfugio para los dos, una coartada que le sirva para no venir tan mansita, tan entregada, porque si viene…), le dirá al coso “Mirá, me enamoré de otro tipo. Lo nuestro fue muy lindochau”. Es como Terminator para estas cosas.
La mezcolanza de gente hace más fácil que se crucen y se queden solos (relativamente) entre la ebullición de voces y de cuerpos de todas las edades jugando o charlando o caminando. Se sientan en un banco de plaza, contra una planta en el amplio jardín del fondo.
Sos un hijo de puta, ¿cómo te aparecés así?
No sé qué decirte. Te juro que si no me iba explotaba, asesinaba a alguien, a vos o a mí o a… ese Santiago.
No me hablo más con Santiago. No voy a mi casa para no cruzármelo. No trafico. Estoy… con Eric, viviendo en Londres, no sé si te dijeron.
Sí.
Hay una pausa, nombrar a Eric los turbó a los dos, no saben cómo seguir, cómo salir del empantanamiento de haber nombrado a “otro”.
¿Aburrida?
¡No! ¿Por qué tendría que estar aburrida? A todo culo. No sé si sabés que tengo una galería en Londres, donde promociono artistas latinoamericanos.
Qué bien... (estupefacto)
Tengo el link con Tir y fuimos armando convenios... Ahora quiero poner mi propia sucursal chiquita, acá en San Telmo.
Pero mirá qué bien, te felicito... por fin usás esa cabezota que tenés, me alegra mucho…
(silencio, mirada de pánico, vértigo; la rubia, galvanizada, piensa que es por lo mismo que ella la expresión de Tobi, que, dubitativamente, arranca) Yo… con Jaspe… también estamos viendo cómo expandir la empresa para Italia, lo que es muy difícil porque somos ratoncitos entre los mastodontes del diseño, y también para aquí. Está todo decidido, en Italia queremos abrochar a un tano que está loco: quiere largar G en junio... donde es CEO, y armar...
¿Soldi?
Sí. ¿Lo conocés?
De nombre, y lo crucé un par de veces en fiestas allá... ¡Loco, es un bombazo si abrochan a Soldi!
Él nos quiere abrochar a nosotros, en verdad, bueno, es un bardo largo de contar. En fin, para acá nos estuvimos moviendo estas semanas en Capi y en Punta... sólo nos falta... nos falta la gente, tenemos que consultar en casa. Y… vos vas a decir que estuve fumando, además, no nos vemos hace seis años y…
Siete...
... no sé, vos no estás viviendo acá. Nos gustaría… Jaspe me dijo hace un rato, después de charlar con vos, que serías la persona ideal para encargarse de una sucursal porteña de Ombú. Es decir, no técnicamente la sucursal, más bien la marca en el país. (La rubia se ríe, encantada irracionalmente) Acá los euros valen más, a mediano plazo se podría contratar a uno o dos diseñadores jóvenes y sin capital para que desarrollen una línea nacional. Vamos a poner un local propio y además estamos gestionando para meter sucursales en shoppings, establecer la marca comercialmente desde el invierno o antes para empezar a meternos en la primavera de acá, y después tirarnos con todo a Punta, al verano, conseguir el scouting de Nacho para vestir a las chicas... eso nos daría tapas en revistas de esas que muestran chicas en culo, hacer contacto con el peluquero este hincha de Boca para que nos meta en el show anual de culos estivales… Y vos te encargarías de eso, la gerencia comercial, las public relations…
(Mirándolo alelada, con el pucho olvidado entre los dedos) Estuviste fumando.
Ja… Mirá… Esta marca nació una vez que nos fumamos la India (una amiga de Atenas) y yo y después Jaspe cuando se levantó de la siesta. Todo esto es… la realización de tres fumados. Y tan mal no nos ha ido.
Me proponés que nos vengamos a vivir a Buenos Aires con Eric… o sin Eric…
No sé, eso lo verás vos… No creas que te estoy tirando los garfios…
No, si ya sé, a vos para engancharte hay que presionarte mucho, nunca avanzás… entiendo que me hablás de negocios.
(¿Cómo podían sostener una relación así, mintiéndose en la cara de la manera más impúdica y sabiendo siempre que el otro se daba cuenta?) Pero yo no tengo experiencia en el asunto.
Sí: tenés inteligencia interpersonal diría el coso este que no me acuerdo cómo se llama, sos responsable y conocés de administración, conocés las convenciones del buen gusto textil, tenés olfato para esas cosas, y sos pilla para adivinar dónde está el queso. Además, ya vivís de eso, como me acabás de contar. Y lo técnico, lo creativo, se va a repartir entre lo que mandemos de allá y lo que desarrollen los eventuales diseñadores. Vos serías la organizadora, y yo sería… el nexo, cada dos o tres meses vendría acá. Te digo que está todo por organizar, allá la India y Félix no saben nada aún de esto que te estoy ofreciendo, y además tendría que organizar mi agenda y dejarla liberada en Atenas, no sólo lo de Ombú, sino también los trabajos para publicaciones y suplementos literarios (tengo un quilombo con eso, también para este año, otro motivo para volver varias veces este año)… cosa de poder venirme una semana cada doce o quince. Con sueldo para vos y porcentaje de eventuales ganancias netas…
¡Me estás matando, estas cosas no se hacen así!
Ya sé, acaba de surgir, recién.
… Dejame pensarlo… hay un tipo en el medio, habría que ver cómo lo armo, cómo me pongo de acuerdo con él, si es que logro, calcular bien qué me conviene, materialmente y humanamente. Me seduce la idea de radicarme acá, Inglaterra ya me pudrió un poco, no hay Tir allá, ni Parque Chas ni sobrinitos… Un poco lo de San Telmo pasa por ahí, también, estar un poco allá y un poco acá... No sé…
(totalmente desencajada, groggy)
Igual, no tenés que decidir ya, ahora o mañana, esto es una charla introductoria…
Eric la requiere para algo, Tobi se queda abandonado. Habiendo largado todo sin meditarlo. Como siempre que hace algo sin pensar demasiado en las consecuencias, se asusta; Esto traerá consecuencias, se esperanza.
Después, el resto de la noche, con los tiráceos aflojados de toda la víspera de días acerca de este encuentro temible, charlan, la rubia y Tobi, entre todos, en la conversación común. Recuerdan viejos tiempos, anécdotas de varios, con la alegría de estar la trouppe en pleno por primera vez en más de un lustro.
Están todos los tiráceos en ejercicio. Está hasta Laura, y están también las nuevas, como Zoe, Aldana y otras / otros que han ido cayendo, Gastón y demás, que se azoran entre risas oyendo los desmanes de Tobi. Unos treinta y cinco al final del asado. Mucho vino tinto y alguno blanco, y pocos porros porque están los niños, futuros tiráceos.
Y mientras tanto, Tobi fantasea con caer a Buenos Aires con la excusa de traer a Leandrito a que visite a los abuelos y quedarse a solas con la rubia, y que… y qué… (nunca estuvo tan lejos el cuerpo de Sofi de su espíritu en ¿qué?, el último lustro casi).
Y más tarde, antes de salir para una joda generalizada, la rubia se le acerca y le dice Che, lo voy a pensar. Está bueno el asunto, me interesa, pero tengo que acomodar un millón de quilombos, no estoy sola. Mañana hablamos tranquilos, ahora estamos borrachos.
Salen, chupan, fuman, vuelven unos pocos a la casona con el sol ya alto. Tobi se acuesta un poco borracho e insomne con el desnudo cuerpo de Jaspe que se le pega al lado y piensa que se van al otro día, que les queda un día para ver qué es eso que impostergablemente los atrae uno al otro, a pesar de Jaspe tan cercana y tan… irreemplazable, y de Leandrito y de Ombú y de su… prosapia de prócer en Atenas.

jueves 11 de diciembre de 2008

53. Maquiavela

Más tarde. Están en la pieza, el nene en manos de las “tías” porteñas. Jaspe se acomoda un vestido púrpura casi transparente de tan fino, mientras Tobi, recién bañado y sentado sobre la cama, se echa polvo pédico en los zapatos. Jaspe dice ¡Cómo se gustan! ¡Es muy fuerte! ¡Es… electricidad!
(Tobi, abrumado, culposo) Sí, ¿no? ¿Qué querés que le haga? Es una bomba, encontrármela así, al lado tuyo, después de tantos años.
Que hagas… lo que quieras…
(Tobi la mira, súbitamente alerta) ¿Qué…?
… Si querés ir con ella, tenés la venia.
¿De qué estamos hablando?
De sexo.
(se queda mirándola, estupefacto)… Sos de fierro, vos. Me matás…
A mí no me importa. Yy… no sé… me parece que Sofi está grandecita, se merece un hombre que la atienda full time.
Tobi, abrumado, la mira sin atinar a decir nada; sofocado, ruborizado. Nunca se había hablado entre ellos del amantazgo. Quiero decir que tenés el día libre. Aprovechalo… sátiro…
Tobi sonrió, incrédulo. De alegría y de pánico y de gracia. El asunto era si la rubia agarraría viaje, empezó a acomodarse mentalmente.
Era casi de noche. Tobi intentaba adivinar lo que saldría entre la rubia y él, lo que pensaba Jaspe, si es que planeaba algo.
Jaspe planeaba algo.
Estaba lo de Ombú. Resumido lo de la expansión:
En Grecia ya habían tocado techo, y tenían que competir contra las marcas europeas. O sea, que había dos caminos, no excluyentes, aparte de quedarse quietos como unos pelotudos: (vender la empresa era una posibilidad sólo retórica) o aliarse a una marca grande como subsidiaria o fusión, o expandirse ellos, hacia afuera. Esto implicaba asociarse con algún empresario milanés o parisino para que los ayudase a introducirse en el “gran mundo” europeo. O sea, delegar: poder de decisión, dinero, y margen de maniobra de la empresa.
La otra posibilidad, que se había impuesto en seguida, y motivado, o al menos dado el pretexto para, el viaje a la Argentina, era meter la marca en el ispa. Acá podían introducir sus euros pero para eso necesitaban o trasladar a alguien de la empresa permanentemente acá, lo cual era problemático (porque Tobi, amén de los histeriqueos, ni loco se iba a alejar del prestigio ganado en Atenas, siempre ser un extranjero de las letras acrece el prestigio en el país adoptado, y, de rebote y a la larga, en el propio; y además tenían amigos y plata y eran felices en Atenas; sí, felices, había que reconocerlo; y a Jaspe la idea de Buenos Aires la había encandilado un instante, es cierto, pero mudarse ellos con el nene era un quilombo, y además era un riesgo abandonar lo creativo sólo a la India y lo comercial a Félix, y ella tampoco quería pasar de ser la créme de la créme de Atenas a unos don nadies empezando de nuevo en un país extraño) o conseguir un gerente, una persona de absoluta confianza a la que pudiesen darle incluso un porcentaje de las ganancias netas.
Jaspe planteó: El veinte, si jode mucho. No es fácil encontrar una persona de confianza para dejarla sola en el país.
Ajá.
(Tobi, entre el temor y la esperanza loca)
¿A vos no te parece que esta chica podría ser esa persona de confianza a la cual encargarle, ya que no lo artístico, lo de relaciones públicas y administración? Por lo que me decís, tiene algunos contactos importantes, la conocen, conoce el medio, la cultura, la conocemos. Podríamos conseguir uno o dos diseñadores jóvenes que mantengan la línea de la marca y aportarle un toque de originalidad “argentina”.
¿Y a vos te parece que ella aceptará…? ¿Así de golpe…?
Vos vendrías cada tantas semanas o meses, acá. Sofi puede ir asumiendo de a poquito responsabilidades más grandes. Y en cualquier caso, lo tenemos de comodín a Félix, entre el crecimiento de ella y el talento de él, se pueden suplir las ausencias tuyas. Isa y yo de base para el trabajo de diseño y fabricación, y Félix suplantándote en la ofi; Sofi suplantando a Félix como segundo del manejo comercial. Y no tenemos por qué descartar el contacto en Milán. Soldi parece re potable. Y mientras tanto, acá la dejás a Fernanda armando lo logístico y un equipo de trabajo; y vos… cada tanto venís para supervisar y para las campañas de promoción, cuando lleguen.
… Tendría que ser… trabajo a un año, para primavera un buen lanzamiento comercial, llegar al verano con la marca instalada, con local propio y sucursales. Campaña de verano en Punta, vistiendo si es posible el scouting de Nacho (sí ya sé, ya sé, es un quemado, pero es el agente de modelos más mediático y carismático de la Argentina)… Y bueno… y que aparezca la marca en la t.v. sin necesidad de andar pagando tanta publicidad, dándole ropa gratis a modelos y actores “de onda” para que aparezca el logo en los medios, canje con series juveniles de canales... Y después, a segundo o tercer año, Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata. Eso ya estaría resuelto si encontramos la persona… Me gusta, la rubia, ahora que lo decís, sería la persona ideal. Pero ¿aceptará ella? Así, de golpe.
No sé… vos la conocés… Además, no tiene que ser de golpe, tenemos hasta mediados de año para seguir tejiendo, si es necesario venirse en otoño.
(Sólo comercialmente reflexivo por un instante) Sí, ella podría hacer algo por el estilo, es muy de brillar entre la gente. Es carismática y laburadora. (se queda pensativo, el corazón latiendo locamente) Pero tenemos un día para convencerla.
No sé, hablale vos. Y ya te dije: no tiene que decidir AHORA, NOW. Basta con proponerlo. Pero el ofrecimiento TIENE QUE SER AHORA. ¿Si no cuándo? ¿Por teléfono de Atenas a Londres? Este es el momento. Se emocionó viéndote. Las vas a tentar mucho.
(con un torbellino en la cabeza) Además está casada con el inglés este. Muy bien, y vive en Londres… Venirse acá para ganarse la guita chiquita cuando allá vive del bolsillo del otro, y bien. (pausa; su mente labura frenéticamente, se le mezclan los cálculos con la alegría) ¡Puf, qué loca que sos! ¿Qué te dan estas cosas de golpe?
Inspiración, ¿no te parece? No sé, es una idea. Vos la conocés mejor.
¿Y eso de Sofi que dijiste recién?
¿Lo de la suplencia? Eso ya fue hace mucho, pobres nenes, la entrepierna los podía, se dio. Ahora Sofi ya está grande. Ya va a encontrar un tipo. Se merece uno entero. Esta chica, por lo que vi, está necesitando aunque sea medio Tobi, vivir seis meses esperando para tenerlo dos semanas, con eso sólo estaría cumplida.
Ja. Qué cruel que sos. ¿O sea… la rubia sería la suplencia de Sofi…? ¡Sos maquiavélica, negra!
O la titularidad. Quizá la titularidad. Y además no estoy diciendo que tenga que haber sexo. Por ahí a vos te haría bien retomar contacto con acá, con Buenos Aires y Tandil. Con tu abuela y tus viejos y Tomi y tu sobrinita.
(¿Y eso había sido Sofi entonces? ¿Este faltarle el cuerpo de la rubia? La mente de Tobi funcionaba frenética. Se conocía, como analista compulsivo de sí mismo y de todo lo demás, esos momentos: eran los instantes de las inspiraciones geniales, de parir grandes obras, de hacer grandes cagadas. Y en esas circunstancias siempre había actuado siguiendo su demonio del momento como un idiota, y los dados de Dionisos siempre lo habían ayudado hasta ahora: ¿por qué cambiar? Y se decía esto mientras, del pánico, se cagaba en los pañales, como cada vez.)

miércoles 10 de diciembre de 2008

52. Light Lady, Dark Lady

Después fueron dos días de ansiedad, callando delante de su marido que no conocía la historia, porque no indagaba en el pasado. En esas cosas, el inglés era lo que la rubia había reclamado de palabra toda su vida; y, ahora que lo tenía, extrañaba la complicación. Ahora que se la habían nombrado. A la complicación.
Preguntó a Tir, en un aparte, y el veterano le confirmó la historia. Volvía, en estos días, y después se tomaba el avión para Atenas, enseguida.
Recordó palabras de Mecha más avanzada la noche luctuosa para su ánimo.
El nenito es igualito a él, con los ojos de la madre. Hasta la melenita, tiene. Pero ojos violetas. La minita es... tiene una cosa, así, tipo diva de cine europeo, esas miradas profundas. ¡Rechiquitos, los dos, no sabés la carita de esta chica!
Puf.
Se mantuvo angustiada y en vísperas, distrayéndose en cenas y almuerzos y salidas, con todos que sabían y callaban, y esperaban, como ella, un poco sin saber qué pasaría. Tanto joder con esa historia, la habían novelado, y ahora venía la realidad a abrir lo que estaba cerrado fantásticamente, a abrirlo con su morbosa sed de continuidades insaciables y superfluas, a romper la simetría.
Y esa ansiedad se mantuvo hasta que llegó a la casona de tardecita al tercer día y entró con la llave de ella y encontró al nene correteando por un pasillo y se emocionó porque era igualito, ¡y ella había querido eso, tener chiquitos suyos, anhelo como el de todas las mujeres al fin y al cabo, y cuando todo estaba por solucionarse, cuando el final feliz llegaba, Tobi desapareció como un fantasma, como un prófugo! ¡Y ahora estaba aquí de nuevo, con un hijo! ¡Un hombre! ¡Hecho un hombre! ¡Qué patada en la concha!
Saludó al nene con los ojos brillosos, sonriéndole. Se acordó de todo: la atracción abisal, la resistencia de Tobi a salir con la chica de su hermano, la semana en la quinta de Moreno, el año y medio mitológico de sexo y drogas y alcohol e histeria y borde, mientras ante sus ojos nacía el escritor, ELLA lo iba pariendo de a poquito mientras se dejaba mitologizar por Tobi, convertir en esfinge, y ella se enamoraba perdidamente, dolorosamente, chúcaramente, de ese adolescente atroz y brusco, silencioso e indescifrable, fascinante, fascinándolo con sus silencios, con su cuerpo; y todas las cosas que habían pasado, azarosas y sin consecuencias aparentes (peleítas y celos e histerias y convivencia y dormir un cuerpo al lado del otro, reviente y otros excesos, planear irse a vivir juntos); y después la desaparición, las búsquedas frenéticas y angustiadas porque al principio ni se imaginó que podía irse así, los insultos a Tomi después, porque es el único que seguro que sabe y se lo calla, la depre, la recuperación que dura meses, como si le hubieran amputado una parte de ella, la depresión un año o dos, y luego Eric y su huida de todo (parecidos hasta en eso) y le pregunta ¿Y vos cómo te llamás, precioso?
La mirada fascinada y cohibida del nene ante los ojos azules e inesperados de la rubia. Yo soy Leandro, señora (con acento; y la rubia que se derrite)
Yo soy Fernanda. ¿Y tus papás?
Aparece Jaspe, casi desnuda con su vestidito blanco con flores rojas, el pelo en un rojizo rodete desprolijo: una ninfa. Dice Hola, intrigada, y se queda mirándola. Las dos, dicen Hola y se quedan mirándose, sin que salga palabra. Ansiedad en la mirada de la rubia cuando siente pasos: es Tir (Tobi está en el centro).
Después Tir, un poco incómodo de dejarlas solas, se va a bañarse, y se quedan en la cocina, tomando mate y conversando mientras el niño corretea por el sitio y después toma la leche.
Yo soy Jaspe… Mi castellano es… difícil. ¿Hablás inglés?
Vivo en Londres.
El resto de la charla transcurre en inglés.
Por fin te conozco. Vos sos… la rubia… de los textos de Tobi. La rubia se pone coloradísima, jamás se ha ruborizado tanto en su vida. Perdón. Te incomodé.
No, no. Fue… todo esto es inesperado.
No es que hayamos hablado… mucho de vos… Ni poco… Tobi nunca habla… de muchas cosas… Es… emperradamente reservado.
Ja.
Ja. ¡Se simpatizaban! ¡Encima eso! No podía evitar la alegría de reconocer en los labios de esa chica a su Tobi de antaño. ¡Y tanto que la enfurecían los silencios, que en su paranoia atribuía a reproches! Ja, ja. Sí, patente. ¿Y cómo te diste cuenta de que yo… es tan evidente? (entre halagada e incómoda)
Sí, sus poemas. Es increíble, increíble… como si te conociera.
En realidad me llamo Fernanda
(el corazón le late a mil, y cuando piensa {¡y no lo quiere preguntar!} que en cualquier momento aparecerá Tobi, le late a mil doscientos). Pero Tobi nunca… siempre me dijo así. Hasta antes de que anduviéramos. Ja, me enfurecía, lo decía con una arrogancia.
Es increíble, me vienen a la cabeza muchos versos, y sos tal cual. Hermosísima. Pero mansa. Las descripciones que hace son como… de un animal de fuego, terrible.
(la rubia, coloradísima, cohibida y sin poder contener la sonrisa y la emoción) Estaba muy loco, él, en esa época.
Jaspe calló, pero pensó: Para mí que vino a buscarte, sos su Dark Lady, así como yo soy su Light Lady.
¿En qué pensás?
En que el ser humano se enrosca tanto… y cuando lo mirás un poquito de lejos, todo es mucho más simple. Incluso que nada se explica por la razón, todo por la pasión (incluso la razón). Aunque esto enfurecería a Tobi si lo escucha así dicho. Y que es la pasión la que crea todos los pasadizos… anímicos e intelectuales, diría él.
Ja ja… Sí, es muy Tobi, eso que decís.
Sí. Muy Nietzsche.
Por supuesto.
¡Como dos compinches! ¡Carajo! Pero ¿qué le pasaba? ¿Qué les pasaba a las dos? Lo de Jaspe era más inexplicable: ¿cómo podía tan mansamente entregarse a eso que se insinuaba, a aceptarlo de entrada tácitamente (o sea: que eran las dos minas de él, sin que importase el tiempo transcurrido {o como si no existiese}, ni el marido que la rubia tenía? ¿O eran sólo apresuradas esperanzas de su cuerpo alborotado como hacía mucho no le ocurría? ¿O era que Jaspe estaba tan segura de tenerlo en sus garras que se permitía jactancias, magnanimidades orales?).
Pero, si es que era así, ¿cómo pelearse con el humo?: esta mujer no le hacía frente, no la rehuía, sólo la miraba a los ojos con una transparencia que la desarmaba antes de la primera escaramuza. Una mirada… ¡sincera! ¡buena!
(Leandrito, secándose un bigote de cacao) ¡Mmh, Nietzsche!
Risas de las dos mujeres, carcajadas abiertas.
¡Qué bonnito que sos! (pellizcón y beso al nene; pausa) Vos tuviste suerte, me parece. Te tocó el Tobi maduro, "el artista". Yo lo tuve que criar. Ja. Te envidio, un poco. De verdad que te envidio un poco.
Ja… eso de la madurez… Éramos muy jovencitos, los dos, cuando nos conocimos, dos pibes.
(pausa) ¿Seguís enamorada de él?
(Mirada; mirada huidiza, espantada casi) No… No había pensado mucho en él en estos años. Pero ahora, de golpe, verlo con un hijo y con otra… es muy fuerte, shockeante. Yo lo amé mucho a Tobi. Mucho, mucho (pensativa). Y creo que lo perdí… por mi culpa. No sé por qué, o sí sé y fue por muchos motivos, y por las circunstancias. Laaa… peripecia, diría él, que nos hace, nos “ase”. Ja. Y es tan cruel. Nos desarma. Y a veces nos arma.
Se sonríen, con la alusión. Se sienten pasos y aparece Tobi.
¡APARECE TOBI!
La rubia siente desmayarse. Para colmo le aparece un Tobi sin melena y más lampiño que antes, sin barba casi, con los cabellos cortos y revueltos para cualquier lado, tan niño como cuando lo conoció y a la vez tan distinto, con un aplomo sublime en lugar de lo que antes era más bien arrogancia insegura. ¡Toda una vida distinta, ve en ese pelo corto!
Y ni hablar de la bajada de presión de Tobi: la rubia lo esperaba, él ni sabía que la iba a encontrar. Aparece por la cocina, distraído, jugueteando con la birome, y la ve junto a Jaspe y se queda galvanizado, sin aliento. No puede hablar. No puede mirar a Jaspe. No puede mirar a la rubia, y al mismo tiempo no puede dejar de querer mirarla. ¡Ese ombliguito al aire que lo excitaba tanto! Lentes de sol azules (¡redondos, iguales a los suyos!) colgados sobre la remera crema cortada con los dientes a la altura del plexo. Con una minifalda negra con voladitos, más excitante que elegante, como siempre. Como siempre. Ve todo esto en un segundo y sin mirarla y sabiendo que deberá controlarse cada segundo para que al menos no se le ponga al taco, pueda disimular.
Leandrito se acaba la leche chocolatada y saluda al padre en griego ¡Qué hacés, truhán! Jaspe y Tobi se quedan de una pieza, baboseándose: es obvio que está actuando para la rubia, gran payaso, queriendo llamar la atención. Sin saber que una persona que conoce el inglés y el castellano no tiene por qué conocer el griego, sin preguntarse por qué se habla en derredor suyo tres idiomas distintos, que él habla o reconoce o juna un poco. Llamándolo al papá como él lo llama al saludarlo cada día al volver del trabajo, ¡Qué hacés, truhán!, y revolviéndole el pelo y comiéndole un cachete y alzándolo, preguntándole cómo le fue ese día, si tomó la merienda, mientras va hacia Jaspe y la besa en la boca con él en brazos.
¿Y al final tanto lío para esto, tanto retorcimiento intelectual, tantas explicaciones para terminar descubriendo que lo más hondo de su vida era este inmediato humedecimiento de su entrepierna con sólo mirarlo a los ojos nuevamente? ¿Tanto lío para que al final todo fuera una tonta atracción sorda, incluso contra toda razón, contra toda experiencia, contra toda conveniencia, contra todo instinto de salud?, pensaba la rubia mientras Tobi sonreía nervioso.
Se saludaron, Tobi sin acercarse.
¿Cómo andás?
¿Cómo andás?
Y la misma cortesía actuada y nerviosa de los dos ¡era tan diferente a la frialdad con que se saludaban cuando estaban juntos! Nerviosos como colegiales.
Aparece Tir y se enfada secretamente, feroz calentura porque se perdió la gran escena, no la habrá visto nadie, jamás podrán contarse luego entre los amigos las caras de los dos al mirarse de nuevo, habrá que inventarlo o imaginárselo.
¿Selva?
Se quedó en el Salón. Viene en una hora. Creo que Mecha incendió un cuadro.

viernes 5 de diciembre de 2008

50. La conspiración

La bajada en Ezeiza millones de veces repetida. Juntar valijas innumerables y empotrarlas en el baúl de un taxi y luego viajar nerviosamente en el asiento de atrás con esa indolencia y con esa exasperación que le provocaban los largos tránsitos vehiculares en la megalópolis austral, la autopista interminable y las avenidas ensardinando autos y los nervios de llegar y la alegría mezclada con (¿miedo?) de ver otra vez a la tribu (como Tobi la había bautizado). Tobi…
Suspiro hondo, el inglés ni la registra, una heladera, eso a veces la enoja un poco pero también le gusta poder estar tranquila, que no la joda demasiado, que le deje suficiente espacio a su intrincada vida espiritual.
Lo del miedo… La negativa a reencontrarse con la familia, asunto horrible y angustiante. Cuando llega, no avisa nunca. Apenas una charla por mes o algún mail de compromiso para los cumpleaños o fechas especiales, y una visita de compromiso lo más tarde que se pueda, antes de volverse.
Buenos Aires es la caída a Parque Chas, a Tir, que ya sabe y espera para fin de año. Los sobrinitos que le ha dado Mecha. Los museos. Los bares. San Telmo. La calle Pampa. La calle Santa Fe. El Tigre. Villa Crespo. Saavedra. Parque Rivadavia. El San Martín. Las librerías de la calle Corrientes. El Once judío. Oliverio cuando tocaba la Bersuit (¿dieciséis, dieciocho años?). Carnota los martes con Tobi, el rencoroso casi trunco. Recoleta. Plaza Cortázar. The taxi world. The taxi life. The taxi lag.
En fin.
Aburrida, por Avellaneda llama a Tir. Es sorprendente para este narrador la absoluta falta de comunicación verbal o gestual entre la pareja, el tipo en una punta mirando el paisaje tras los lentes negros, la rubia en la otra apretando botones y escuchando la voz remolona de Tir.
¡Tir!
¡Ah, negra! ¿Estás acá?
Ajá. Cerca del Puente. ¿Vos?
Durmiendo… casi. Me voy a levantar y preparo unos mates para cuando llegues.
(Pensando. Tobi se ha ido una semanita a Punta con la mujer y el hijo. No hay mucho tiempo, la semanita se termina. ¿Qué hace? ¿Le dice ya? ¿O en otro momento? ¿O para qué? ¿Le avisa al otro, que estará en Punta aburrido de estar aburrido en la playa, pateando arena entre culos famosos y quizá esperándola, sin atreverse a preguntar, aunque con la mirada ya lo dice todo? Expectativa del encuentro, ver cómo se miran, si se matan, si se amigan, si se olisquean como predadores igual que antes. Todos. Felices, absurdamente. Todos. Como una conspiración silenciosa de todos para ver qué onda, casi con ganas de provocar el encuentro, como si inconscientemente sintieran que eso les devolvería algo del pasado querido, tontamente. Pero está Jaspe en el medio, claro, pequeño inconveniente, los ha subyugado con sus ojazos violáceos y esa inexplicable… paz, o dulzura, cuando acaricia al nene, naturalidad sobre todo, porque nada forzado hay en su gesto, una mezcla de aplomo y graciosa torpeza adolescente quizá construida por su hablar chapurreado y su cara de niña, pero con su carácter, porque un par de veces que lo miró a Tobi… como para fulminarlo… Y Tobi, con todos sus berrinches y alusiones y sobreactuaciones y autoironías, enconchado de un modo extrañísimo con la minita. Bah. O el paso del tiempo. )


Depositan, con el inglés, los petates en la casa de Caballito, y luego él se excusa por el cansancio del viaje y se queda dormitando, y la deja a la rubia que salga a pastorear. Quizá ni siquiera sea que no le importa, es probable incluso que todo lo contrario, que sea una gran madurez mental que se expresa en la sabiduría de darle aire para que no se ofusque. Él pasea y charla con pintores, ve exposiciones de artistas locales, conversa con Tir cuando se cruzan, y ella se va con los amigos, que no son tantos tampoco.
En Parque Chas la recibe el portero eléctrico, el zumbido, el abrazo ya adentro, cuando Tir le abre la puerta y se estrechan, felices. Está Selva. Sí. Carlos de vacaciones en Punta con un tipito nuevo. En estos días llegará, la semana que viene (dice y se incomoda porque se acuerda del otro y teme que ella adivine una alusión; pero ¡nada!, qué va a sospechar, el otro está desaparecido, como muerto pero más inquietante, latente, abierto aún).
Toman mate. Eric vendió un par de cuadros este año, muy bien. Trae para dejarle a Tir algunos más (acá el Eric este tiene buen mercado).
Mecha laburando; la ha dejado de jefa provisional para el período de vacaciones. Es la primera vez. Ambos se ríen de la temeridad de Tir. ¡Pero vos estás loco! Igual, lo que debe saber para cumplir esta tarea es administración, burocracia, el Salón como lugar geográfico, lo demás está todo stand by, y estamos en la era de la comunicación celular, así que el peligro no es tan grande, arguye Tir entre sonrisas.
Preparan el almuezo.
No, al Salón ya no va más por todo enero. Un poco cansado pero feliz. Lo de Gastón anda muy bien, es un chico muy bien, lo vas a conocer bien estos días. ¿Lo tuyo?
Como siempre
(o sea que no dice nada, “como siempre” puede ser el infierno o el paraíso, la expresión no cambia, tampoco el desinterés por exhibir su alma; si fuera Tobi diría {piensa Tir} que está aburrido y que la vida lo hastía a veces y que entonces y que la literatura y que bla bla bla; pero ella no, ella simplemente no dice nada, el silencio es su arma; Tobi habla para ocultarse, como cierta poeta, la rubia en cambio calla para mostrarse, la ruda esfinge, sirena incalculable, presencia incierta e inquietante de sus ojos, como si en ella algo se agazapase; ja, ¡qué camotes!; y Tir piensa en palabras escritas de Tobi: que en realidad la palabra, al duplicar el mundo lo falsea, pero también, en el mismo acto, lo crea, y lo hiperboliza a lo dicho, y queda como más cierta la palabra dicha que el sentimiento que la creó, y ata al hombre a ellas el acto de decir, envenena la mente, y así lo abrumador se inviste en un cuerpo femenino, es demasiado eso que se creó para soportarlo en una sola hembra; pero uno ya VE eso, no hay escapatoria a la tela de araña que uno mismo ha construido). (Es extraordinario cómo puede descifrar a Tobi más por sus escritos, en apariencia abstractos y lunares, que por sus palabras y sus gestos “en presencia”. Lo ve mejor cuando no está y lee un verso y lo conecta a cierta turbación de la mirada, a palideces o rubores o impaciencias que en el momento no ha comprendido. Como si el tipo {qué desgraciado} viviese sólo en el presente perpetuo de su propio espíritu, y lo demás fuera azaroso, incierto, casual, haciéndolo también pero de modo subordinado a lo constitutivo, lo previo, lo mental. Que a su vez {Moebius} ha sido inoculado socialmente. Topología del alma. Pero en un alma única e irrepetible como todas, en una constitución anímica a la que cada acto modifica menos que el anterior, cada vez la cáscara más dura e impenetrable, cubriendo el núcleo resbaloso de sus continuidades anímicas ignotas. Siempre así, descifrándolo a través de sus textos {cómo hay que leerlos, reconstruyendo en la lectura la dicción y la voz del tipo, sabiéndola, contextualizándola de un modo casi infalible}) (Y otra vez: hablaban, días anteriores, acerca de cómo él, al ver una palabra suya puesta en un texto, vista por otros ojos {se refería a la nota de Lucrecia}, se desconoce, atisba la grieta entre el acto de decir y su huyente ocurrencia y la indelebilidad {porque también inventa palabras cuando no le alcanzan, que es siempre} de lo dicho, que queda como engañosa foto {engañosa para el decidor y para el escuchante, qué joder, quizá más aún asombrosa para el mismo hablador, que se conoce, o que eso cree} de su alma {palabra tan imprecisa como el universo, y que le equivale})
Estás silencioso, Tir, ¿qué te pasa hoy?
Eh… un poco dormido… aturullado por la falta de ejercicio… mental.
Leí el libro… que me mandaste… de Tobi…
(Tir levanta la vista, alarmado, y la rubia a su vez se alarma, porque ha nombrado a Tobi y eso la descoloca {cariz alucinatorio de la palabra; cómo en la palabra “Tobi” está puesto Tobi y lo que representa para la persona, las evocaciones instantáneas que se sobresaltan al verse reflejadas en el sobresalto que le transmite la mirada de Tir}) Muy bueno. Nunca creí que pudiese escribir un libro tan perversamente distante, sádico. Con el sadismo del destino. Sin buenos ni malos. Es extraordinario. La limpidez, la musicalidad, la distancia. Como si todo el tiempo sonara un piano de fondo en la novela, la historia como en segundo plano de sí misma, como vista de lejos… y a la vez llena de recovecos… (Ha empezado a hablar incómoda, y luego se ha apasionado, se ha olvidado del autor empírico y su rostro se deslumbra con el libro, al final se acuerda y se corta, como un acorde en falso)
Incomodidad de ambos durante todo el período. Silencio y cambio de tema. Después se olvida (la rubia) y se afloja.

viernes 28 de noviembre de 2008

45. Bajamar de águila; Metavida

Pero antes, a la tarde. Cuando se despierta, solo (ni piensa en cómo carajo habrá hecho la piba para salir de la laberíntica casona sin su ayuda… si es que no la ha habido; solamente se extraña de estar solo en la cama, y eso por dos segundos). En seguida el dolor intensísimo de cabeza, maldita piña colada con vodka, le hace olvidarla. ¡Qué bestia, un vaso largo!, se dice tomándose las sienes.
Hasta que se levanta, acalorado y solo y dolorido después de dar vueltas media hora en la cama, ni se acuerda del asunto del pelo. Cuando se levanta y va al baño con la cosita de afeitarse y un toallón nuevo para pegarse un baño, y se ve ahí en el espejo… ¡Pega un salto, como si hubiera visto a otro! (¿Qué va a decir Jaspe {¡shit!}?).
Se mira de nuevo, con asombro. El cortecito suena uno de sus cíclicos ataques contra sí mismo, una delectación en lastimarse, en rebajarse o degradarse pero sólo íntimamente, los demás sólo ven, a la larga, el resultado del proceso. El desgarrón de ser.
Tobi no quiso, luego del susto y la resaca, pensarlo demasiado. Lo iba a arruinar, o iba a descubrir que era eso, un boicot contra sí mismo, un ritual de asesinato psicológico. En fin, cosas tremebundas, como siempre que le daba riendas a sus pensamientos. Quería restarle entidad a la tragedia, al “sentimiento trágico de la vida”, sin olvidarlo, sin abandonarlo, sin traicionarlo o escamoteárselo, pero, ¡hombre, un poco de alegría! ¡claro que no la boba alegría posmo, pero tampoco el cáustico gesto de un santo! ¿Qué quería hacer si no de su vida? ¡Nunca, por rechazo a la taradez general o al cinismo general o a cualquier cosa general, tenía que dejarse caer en el fanatismo oposicionista! La oposición a la pelotudez reinante debía pasar por otro lado, no por la “seriedad” que tanto le llenaba las bolas porque era la actitud “mo”, sino precisamente por una risa que no ignorase la tragedia, sino que la asumiera y la desafiara como Luciano en la ultratumba (¿era Luciano o un personaje de Luciano?), así: una risa que apostrofase al vulgo, que lo escandalizace, que se riera de la indiferencia del vulgo, de CADA rebaño; ni seriedad adusta y solitaria, ni carcajada entre la turbamulta. Ese era el punto, o el recodo de la marcha, en ese instante de su vida. Eso sentía que debía sentir, pensar, escribir, testimoniar(se).
No obstante estas disquisiciones, no pudo evitar pensarlo un poco, casi a despecho, previendo con placer maldito la sorpresa en Jaspe, en Leandrito.
Quizá era no tanto un daño a sí mismo como un asesinato. De algo. No importaba qué. O mejor dicho, importaba no saberlo con demasiada precisión. Pero no una muerte sino una clausura, una puerta tapiada… pero una tapia… de salud… o productora de salud. ¡Mierda, basta de Lacan en mi vida!, Roll over Beethoven, tell you to Heidegger… (¿Pero entonces qué? ¿Una liberación? ¿De qué? {¿De no preguntar?})
Pst…
O una liberación de la similitud, un encuentro y/o reconciliación con la singularidad que te escruta, baby. Una lejana intimidad con la pluralidad inescrutable, baby. Con "la verdad como el albergamiento en lo clareado y oculto". La poesía, Jaspita, Leandrito, las palabras, el silencio, el estupor, la luz, la sombra, baby.
Pero ya esto era precisar demasiado el asunto. Prefería mejor no saber muy bien qué cosas mataba con ese acto de cortarse el cabello. Enterarse más tarde, luego de que la vida decantase el asunto, hiciese el tamiz involuntario (o supra o metavoluntario), pusiese tiempo entre él y el anterior, o entre él y el próximo. Abjurar del morbo de saberse, de desguazarse entre palabras.

No obstante, la noche que siguió, y aunque al otro día llegaba Jaspe con el nene, no pudo evitar, borracho y solitario, meterse en Internet y conjurar la culpa que le daba su actuación ante Lucrecia, la imagen de granito que había adoptado para convertirla en incondicional de su literatura (porque sólo así pudo explicarse tan inusitada, ya que no inaudita, lujuria), escribiéndole a Jaspita un mail verborrágico y melodramático, explicándole con redundancia su ansia de absoluto y su hartura de querer entender (otra vez), su que no le alcance nada, ni siquiera entender; su necesidad de retornar a ella siempre y que ella lo perdone sin palabras porque sólo en Jaspe (y en su sangre) puede confiar, confiarse, darse para retornar al equilibrio, él, el desesperado de equilibrio aún sabiéndolo un imposible cosmogónico (equilibrio = absoluto, perennidad, quietud {¿muerte?: Bueno… dice Lacan de esa idea freudiana… se fue por las ramas, tuvo que andar borrando; en el medio se le pasó un poco el pedo y desdramatizó el escrito, que Jaspe JAMÁS LEERÍA: nunca chequeaba mails de su correo privado, o los leía cuatro meses después y terminaba preguntándole, perpleja, de qué carajo le hablaba en ese texto que había encontrado, por qué carajo se le dio por escribir incoherencias por mail si tenían todo el día y toda la noche para hablarse}).
En fin, se dijo Tobi borrando todo, amar es no comprender (reminiscencia inmediata de Onetti que a su vez lo llevó a Nietzsche: "la fe es no querer ver la verdad", y también "la vida más alta y pura consiste en tener la verdad en la fe").
Y después se acostó y permaneció en un entresueño maldito entretejido de reflexiones sobre lo increíble de que Jaspe (una sana con una biografía y un ambiente enfermantes) y él (un enfermo al que la normalidad lo neurotiza), dos que no deberían saber o poder nadar, hayan logrado tanto tiempo, contra natura, sostenerse recíprocamente y mantenerse a flote con tanta prolijidad dentro de todo, mutua tabla de salvación el uno para el otro, las dos carillas de la misma hoja (habría que escribir el verdadero Libro de Jaspe, el de ella, ignota, y su infinito penar silencioso al que se impone con serenidad infinita, con espesura de bosque sagrado).
(Y Jaspe sabiendo que ama a Tobi porque es su tabla de salvación, su ideal de yo proyectado, pero también porque lo sabe, lo cree, un genio es decir un inadaptado, un Dostoievski, y eso ama en él, y quiere salvarlo, sostenerlo para que sea. ¡Para que sea! {pero esto nunca podría saberlo, imaginarlo, casi ni sospecharlo Tobi, tan sapiente de su impureza intrínseca y tan creyente en que sólo se puede adorar lo puro, lo absoluto, lo invulnerable, aunque la vida le desmintiese esto a cada paso, {tanto el atavismo pesa}})
(Y Leandrito y su peso de ancla en lo real, de llamado a sosiego al egoísta artístico. Leandrito, el resumen y la resolución de sus incompletudes, la sublimación, la flor, el grial, la consustanciación postverbal, desverbal. Sí. Desverbal, mejor. Fuckin's filósofos alemanes: casi todos capones curas, pastores o hijos de pastores o sin hijos. Malcogidos. ¿Cómo creen que pueden entender algo de nada si nunca tuvieron sangre de su sangre entre los brazos, olieron mierda de bebé a la mañana, malditos enanos que comen y cagan todo el tiempo, si nunca se desvelaron porque al bebé le estaba saliendo el primer diente, si nunca vieron al nene dar sus primeros pasos, balbucear heideggerianamente las palabras primeras que lo introdujeron en el encierro de lo humano, del verbo, del ser {¿Y esto qué es, papi? ¿Y esto? ¿Y esto? ¿Y por qué es así? ¿Qué es? ¿To'on?; pues nada, niño, no hay nada que explicar, no es nada, es eso que está siendo, y no hay explicación posible ni necesaria, es enfermizo pretender entender algo en este fuckin' mundo absurdo y azaroso y sin sentido y sin siquiera un loco lleno de ruido y furia que lo cuente; pero decírtelo a vos, bebito, Leandrito, hijito, amorcito, flor mía, lumbre de mi vida, redención mía, hermosura y tesoro de la madre y del padre, amor, amorcito, preciosura, muñequito, bocadito de mejillas rosadas y ariscas y mimosas… intentar explicártelo sería tan infructuoso como intentar explicárselo a un filósofo, y por eso vivimos repitiendo perpetuamente las mismas preguntas en todas las épocas, intentando entender, saber, hasta que la vida renuncia de esas inquisiciones a la gran mayoría, y otros nos hartamos, nos hastiamos, de querer entender {aun cuando tengamos recaídas todo el tiempo en eso, en la cavilación autógena}, y otros, los menos, los más tercos y obtusos, siguan buscando la pregunta originaria, esa que nunca existió más que en la mente podrida de los capaces de creer en la restauración del ser a partir de reencontrar esa pregunta {presunta} originaria {artificial, lingüística {el idioma nos habla}, mítica}; eso impreciso e indefinible que estaba y estuvo y estará ni siquiera en el balbuceo filosófico ni en el balbuceo infantil sino sólo en el silencio místico de amar, en el mero silencio de unos labios sellados o de un índice pegándose a los labios porque el motivo de la vida, el fruto, duerme por fin, después de estar todo el día con dolor de pancita.)

jueves 27 de noviembre de 2008

44. Suite y bises

(suite)
Y sobre todo me rompe tremendísimamente las pelotas que haya que morirse para que te acepten como un "autor desgarrado sincero". Si escribís sobre los desgarramientos de la vida y no estás muerto sos un farsante, o un gimoteador… para los boludos, claro, que son mayoría absoluta en todos los ámbitos de lo humano, y también en la literatura, entre escritores y lectores y críticos, tanto como en cualquier otro sitio. O un clásico. Si sos un misterio muerto hace cuatrocientos años del que nada se sabe podés haber escrito “The rest is silence”, pero si tenés veinticinco o treinta años y trabajás de albañil o de diseñador de ropa o de portero, sos un pelotudo. Más, un farsante. Más, un desgraciado, un infeliz. Hasta que te morís, como Reinaldo Arena, y entonces el mendigo que era un pelotudo, o Soriano, ahí tenés otro, el que era un pelotudo, un joven impertinente o un boludo que quería llamar la atención o un mero kitschistoso o un puto pobre con devaneos de artista perseguido se convierte, ¡oh, dioses!, en un ARTISTA. Y no lo digo solamente por los demás pelotudos que ven así las cosas, lo digo por mí. Ante un artista nuevo lo primero que surge es la desconfianza, el cinismo, el pesimismo o la indiferencia. Porque, lo dijo Proust con mucha mejor prosa, al artista nuevo HAY QUE APRENDER A LEERLO, ¡EN SUS TÉRMINOS, QUE SON NUEVOS!, ¡por eso es un artista que vale la pena descubrir! Desmontar las palabras: des-cubrir. ¡Es tan pelotudo! Y es cierto. Y precisamente ser un gran artista es imponerle a los demás, al canon, a la crítica, a los colegas, a los lectores (Saer dixit), el propio modo de escribir como se te canta el agujero del orto o como podés en tu penuria expresiva, porque lo que te hace un gran artista no es una novedosa disposición de partes, unos trucos sobre el aparato formal del acto enunciatorio o una perfección y riqueza formales. Ni tampoco, claro, escribir palabras Con Mayúsculas o con resaltador, o con "sensibilidad social". No hablo de la grandilocuencia, sino de la grandeza. El arte se nutre de la imperfección, y de los defectos. Y lo deee… cómo es… ah, lo del contexto de enunciación de la obra, que cambia con el artista muerto. Yo me acuerdo cuando se mató Cobain, mi hermano Tomi (nosotros teníamos, qué, quince años o menos) era FANÁTICO de Nirvana. Mi hermano Tomi… somos mellizos… ahora es profesor de Historia. Pero desde muy chico le gustó la música, escuchar, ya a esa edad era medio enciclopedia parlante. Y bueno, siempre nos peleábamos por Cobain, porque Tomi ponía el acento en lo musical (es decir, en lo artístico) y yo en cambio hacía foco en las caritas de malo por videoclip, en lo remanido de la imagen del rockero que rompe guitarras y putea y se hace el pija. Y cuando se murió, me acuerdo, estábamos mirando un noticiero, sería el de Massetti y Cahen D’Anvers, me acuerdo que Tomi empezó a llorar, callado (mi vieja estaría mirando el noticiero y nosotros, calculo, tomaríamos mate o merodearíamos, ya hambrientos) y él lloraba en silencio, sin parar, le resbalaban las lágrimas por la cara porque fue totalmente inesperada la muerte de Cobain, y yo también me puse muy mal, porque entendí recién entonces que detrás de esas letras incoherentes y rudas y violentas y sardónicas y exasperadas había algo más que gesto, había arte, vida, un tipo que, entregado a su sino trágico, había tenido tiempo de componer un puñado de canciones inolvidables, de dejarnos, a los otros, a los que quedamos, el consuelo misterioso y vívido de la belleza. Así que yo lo miraba a Tomi y a medida que me fui dando cuenta de lo que yo sentía y comenzaba a apreciar en pocos segundos la verdadera estatura del artista me puse también a llorar como un nene, y mi vieja se dio vuelta y nos vio a los dos llorando y no entendía nada, y no le podíamos explicar; qué carajo iba a entender: había que tener quince años para poder llorar así a un tipo que no habíamos conocido y que Tomi quería como a un amigo, y yo también sentí eso desde que dijeron la noticia en la televisión, que era un amigo que había desaparecido. Y nunca me pude borrar esa sensación de sentirme un miserable viendo llorar así a mi hermano y pensando que yo había dudado, me había permitido dudar de la estatura del artista PORQUE ESTABA VIVO, y no se podía escribir “Territorial Pissings” o “Rape Me” y estar vivo, esas cosas se escriben con el cuero, con la vida, pero uno no sabe que el tipo puso el cuero hasta que lo ve cuereado. Y no vale, así cualquiera. Cualquiera adora a un bronce. La joda es adorar en vivo y en directo a un artista nuevo, como hacía Borges, por decir, que escribía notas críticas sobre las grandes novelas de Faulkner en el momento en que se publicaban, con notable precisión en sus juicios sobre el lugar que ocuparía Faulkner en la historia de la literatura; es escalofriante leer esas notas del viejo porque parece que las hubiera escrito veinte años después, no se puede ser tan visionario. Y eso: para adorar la grandeza de un artista vivo no alcanza con la inteligencia y la perspicacia, sino que también hay que tener la generosidad de espíritu para adorar eso en un par, en un tipo de carne y hueso como uno. Hay gente que no soporta la cercanía de una reliquia, diría Nietzsche, y la defenestra, con excusas verosímiles o inventadas. Si el artista da una mano, como Dalí o Charly, mejor, uno puede decir que “Por suerte mi público no me pide que ande por ahí demoliendo hoteles”, o puede hacer jueguitos anagramáticos con el nombre del tipo. Claro, no cualquiera compone “Desarma y sangra” o escribe “Rayuela” o pinta “El gran masturbador”, pero ya que no lo puedo rebajar en lo artístico, lo rebajo en lo extraartístico, donde el otro, el genio, es tan vulnerable como yo o más, precisamente porque es un genio. Entonces puedo decir cobardías como que “Rayuela” es un regodeo con alusiones para iniciados, lo que constituye (sí, pudo articular la palabra “constituye” con el pedo y todo que tenía) un acto de cobardía y de miserabilidad, pero que además es una vil mentira, porque yo te puedo nombrar a diez personas que no saben un carajo de Wittgenstein o de Planck ni escucharon nunca un disco de Stan Getz, pero leyeron “Rayuela” y se les cayó el culo. No hay necesidad de entender toda la obra, o todos los niveles de sentido de una gran obra, para poder disfrutarla. Hay diferentes lecturas y diferentes acercamientos, hasta en una misma persona, para una misma obra. Y yo creo que una obra clásica, o mejor, una gran obra, debe o debería tolerar todas esas lecturas.
Está borracho y drogado y gesticula espamentosamente, patéticamente. Pero Lucrecia también, y lo mira embelesada, entre el ruido de gente y de música, transpirados los dos, lo mira hablar en trance, sacado, a gusto hablando ya ni sabe con quién, boqueando ante una desconocida que terminará culeándose (si le queda cuero a la mañana), aunque no sea muy linda.
La charla acaba abruptamente, entre el bullicio y el gentío, entre la medialuz estroboscópica, cuando las dos miradas se encuentran de cerca y Tobi, como quien piensa "Y bueno; había ensalada rusa en la heladera, me como la ensalada; es lo que hay", le toma el rostro y se comen la boca y etcétera etcétera.
Bueno, quizá suene un poco exagerado… lo más probable en esas condiciones tendría que haber sido un etcétera solo, no muy lucido para tratarse de nuestro héroe, pero lo cierto es que se la cogió con inexplicable lujuria, como si se estuviera comiendo a Scarlett Johanson después de seis meses de reclusión y castidad impolutas, y hubo entonces dos etcéteras bastante furibundos: según dijo Tir, ante la incrédula, trémula expresión de Tobi, los gritos de la mina atravesaron todas las ventanas de las dos plantas del patiecito interno de la enorme casona, y fueron tan enajenados y extenuados y, para los nervios del resto de los habitantes de la casona, extenuantes y extensos, que nadie pudo pegar un ojo hasta pasadas las diez y cuarto. Nunca envidié tanto a nadie, dijo Tir azorado (sin aclarar a cuál de los dos o si a los dos); ¡Pobrecita Jaspe, si así trataste a esa piba…! ¡No quiero ni pensar…! (con verdadero espanto).
Y las miradas de los jovencitos que habían (intentado) dormir esa mañana en la casona fueron luego de un sobrecogedor, confirmatorio espanto: nadie sabía cómo mirarlo, salvo Selva, que le dedicó una salva de risas que duró hasta la medianoche cada vez que sus ojos se cruzaron, avergonzándolo.
Según le explicó la veterana días más tarde, en Punta, nadie de los pendejos quiso supo o pudo creer que sólo se la hubiera cogido: de ahí el espanto general. Sólo los dos veteranos, enterados de la lujuria inverosímil del muchacho por mentas legendarias y asombradas de la rubia (El paraíso de Mahoma para minas, había dicho una vez) y por indiscreciones semejantes a la de esa mañana sostenidas por los entonces tortolitos a oído y paciencia de todo el piso alto de la casona, del depto de Tir en Punta y de otros sucuchos eventualmente compartidos con la parejita por tiráceos, pudieron creer que Tobi "solamente" se cogió a la periodista esa mañana.

miércoles 26 de noviembre de 2008

43. Postludio

Sin dudas actuó para Lucrecia, esa noche y día que siguieron. Tir los encontró mateando en la cocina y la invitó a cenar; siempre había lugar para un plato más en la magnánima mesa de la abuela Tir. Tobi, por su parte, no paró de hablar ni de beber, ni ella de escuchar y admirar y asentir:
Del romanticismo para acá, el artista es tan obra como su propia labor, tan personaje como sus propios personajes, leyenda fundante, mitificación que predispone a la adoración de la obra como objeto único (publicidad; fetichismo de la mercancía), es decir, a la adoración del ego en la obra. El ego del fruidor tanto como el del artista. El ego del fruidor, claro, pasa por acceder a una mercancía prohibida, secreta, iniciática (ella también); de ahí el desencanto que adviene luego del premio Nobel, cuando un escritor bueno que había sido secreto y ninguneado por la industria cultural se torna personaje mediático, y entonces, como un ricotero ochentista que contempla horrorizado la tapa de “Último bondi a Finisterre”, el fruidor fino siente la desazón, se retira.
(“Otro modo de querer decirlo”:)
Es notable, por ejemplo, la incredulidad de mis lectores cuando les digo que mis novelas NO ESTÁN ESCRITAS BAJO LOS EFECTOS DE LA COCAÍNA. Quienes me conocen saben que la detesto, que me dan arcadas de sólo ver gente metiéndose polvos en la nariz. Pero los cocainómanos no creen verdaderamente que yo pueda lograr ese estado de concentración ENFERMIZO de mi extenuante prosa (no soy dadivoso ni complaciente con mi lector: NO PIENSO en mi lector) sin acudir a intoxicantes. No entienden, creo yo, la condición central del artista, al menos en mi caso: LA INTOXICACIÓN SOY YO, ES EN MÍ, ESTÁ EN MI CUERPO. Sola. Freud habla del asunto en algún lado (¿El malestar en la cultura?; no recuerdo ahora). Yo solo me intoxico de palabras y caigo en estados febriles pero CON PLENO CONTROL SOBRE LO QUE ESTOY IMAGINANDO, SOBRE UN PLAN PREFIJADO PARA LA OBRA, AUNQUE NO SEPA QUÉ VENDRÁ EN EL RENGLÓN SIGUIENTE, EN LA LETRA SIGUIENTE, y ahí está el juego para mí y el cebo para que el lector siga leyendo: esa microincertidumbre (Eco ha hablado del tema, Eco ha hablado de todo…) es la que logra que el relato atrape paso a paso. Pero volviendo: un artista es su leyenda, y ninguno me cree, salvo los pocos desgraciados que me conocen, y me padecen.
No quiere crearse o adjudicarse el privilegio de ser el único puente establecido entre la (entre comillas) “Gran Música de Occidente” (que él escucha y adora) y la (también entre comillas) “Música Electrónica” más o menos pop (que él escucha y baila y {en ese contexto} adora). Arte como expresión del espíritu de los tiempos (diría Jung): este estrambótico y exasperado zumbido metálico que lo apresa, lo hipnotiza mientras baila borracho entre el cardumen, es eso: su modo de “pertenecer”. De estar con los demás, ligado-a sin hacerse preguntas ni balbucear respuestas improbables (todas). Música reducida al mero balbuceo rítmico (corolario musical de Heidegger después de la séptima lobotomía), pináculo espirituoso de la época. El mero estar.
Pero lo cierto es que un “melómano” (un megalómano, corrige con sorna Tobi), difícilmente pueda disfrutar a los Chemical Brothers: ¡le falta todo lo demás para poder disfrutarlos! ¡No se escucha a los Chemical Brothers como si se dispusiera uno a escuchar la Misa Solemnis de Beethoven!: ¡el error está en ellos, no en la música! El error consiste en sacar a la obra de su contexto de enunciación (¡lean a Wittgenstein, boludos!): Bartok en una rave sería un fiasco.
¿Se entiende? El valor de una obra no es intrínseco, se mide dentro de su serie, no de otras…
Y además el error… el error… está en nosotros. Nosotros somos el error, estamos fundados sobre el error (nuestros cimientos mismos son lo erróneo): pero no hay salida posible (mal que le pese a Bunge), no hay modo de “saltar” el error hacia algo que podamos definir como “lo no erróneo”. Esa sería la ilusión “mo”. Sólo hay error (ilusión “posmo”: ilusión que se sabe o ilusión degradada a gradaciones burdas, refinadas publicitariamente, estereotipadamente pero infinitos estereotipos). La tosquedad intelectual y sensual y hasta biológica {ver los alimentos y su pérdida de sabor a cambio de “mayor duración y tamaño y utilidad y apariencia”} que es, precisamente, “el espíritu de la época”). Y seguramente es un espíritu de mierda pero esa no es mi culpa, se defiende Tobi: “No elegí este mundo pero aprendí a querer”. O lo intento, al menos, a ese aprendizaje. Cada día. (Esto de ser un border tiene sus bemoles {no es para menos: con tantos sostenidos}.)
Pero sí disfruta de las dos, cada una en su contexto, con su contexto correspondiente (trata de no jactarse). Las dos lo elevan: el dance hacia Lo Otro, hacia Lo Demás; la orquestal hacia sí, hacia adentro, hacia lo íntimo.
Y aquí los tercos “mo” insistirían: “Pero la orquestal es superior porque te reencuentra con vos mismo, con lo más íntimo y profundo de tu 'vos'”. Y Tobi dirá: ¡No, románticos del orto! ¡Son dos planos distintos! Y es tan importante encontrarse con su núcleo más íntimo como encontrarse en comunión con lo demás, con los demás. Porque además los demás son también una forma de mi ser, de mi yo. Integrarme a lo otro es integrar la totalidad de mí, lo que la enculturación ha separado de mí. Lo re-une.
Y aquí es donde Tobi, casi, se siente filósofo, certero y refinado observador de lo real. Refinador de lo real: artista. Y esa es la trampa de la vida, el señuelo que trama contra mí a partir de mí mismo, de mis deseos más profundos: me hace ver la promesa de una obra, una lejana inminencia gloriosa, un limbo que no será la obra misma, que una vez terminada me dejará con el gusto vacío de las labores concluidas, por enésima vez desencantado de ver que no hay detrás ni meta, que sólo hay apariencia, lo que se ve, y camino, transitar, y que lo que nos realiza (¡fuckin' Engels y Marx y Weber y Calvino y Carlyle!) es la ejecución de la obra y no la obra misma; el mientras tanto y no el después… ¿Qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado
Como un pájaro sin luz.

¡Dicho a los gritos en una disco de Palermo Hollywood!
¡Siempre vuelvo a estos chicos tangueros, grandísimos poetas y truhanes y sabios y cabareteros! Aunque yo… todavía… soy un ave con luz. Y juventud. Pero lo mismo toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Y, sobre todo, Después qué importa del después, es la pregunta que me hago cada día, cada vez que me detengo y pienso un poco. “¿Qué importa del después?” y “¿Para qué?”. Y ahí caemos en Marx y Engels (nuestra esencia {¿¡!?} es el trabajo {¡fuck you!}) y en Carlyle (todas las obras del humano son execrables, pero no su ejecución). Así nos agarra la vida de las bolas, a fin de que sigamos empujándola, reproduciéndola (inmortal ella misma) a costa de nosotros. El Plasma. Freud dixit.